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Conocí a Jessica Echevarría cuando era diputada de Convergencia Nacional; si bien no estaba de acuerdo con su posición política, me parecía que era una joven valiente y, por momentos, irresponsable, porque cuando muchos de la oposición ocultaban la mano después de tirar la piedra, ella daba la cara sin importarle las consecuencias. 

Pasaron los años, dejó de ser diputada y, de pronto, en el jardín de los senderos que se bifurcan, que es la política, ella tomó otra opción y se pasó de bando. Actitud imperdonable, para algunos de la oposición así como oficialistas, que pretendieron convertirla en una desterrada política. En nuestro país es muy fácil juzgar sin mirarse al espejo. Muchos de los que la critican son aquellos que, por debajo, se han aliado a este Gobierno, ya sea en la Asamblea Legislativa o apoyando económicamente sus campañas electorales. Por ahora parece haber dejado la acción política y ha decidido hacer activismo en las redes sociales, y es de esa joven que quiero hablar. Militando en el campo feminista, sin llegar al radicalismo de algunas organizaciones no gubernamentales, ella denuncia casos de asesinatos, violaciones, corrupción y narcotráfico. Sus comentarios no solo han llegado a tener miles de ‘me gusta’, también han generado miles de comentarios y han sido compartidos y reproducidos en otros medios, incluso sin citar la fuente. Por ejemplo, el comentario acerca del feminicidio de Laura Santa Rosa y el asesinato de su padre, titulado Un crimen perfecto, nos cuestionó profundamente como sociedad; cuestionó todo el entramado institucional cívico, policial, farandulesco, feminista, machista y comunicacional. Fue un artículo tan bien escrito que muchas personas lo copiaron en sus muros como si fuera suyo. 

Lo mismo ha pasado con otros extraordinarios textos suyos, convirtiendo a Jessica en una de las personas con mayor influencia en las redes, lugar que algunos medios de comunicación no le reconocen porque prefieren otorgar esa ‘influencia’ a ‘modelos’ o a ‘socialeros’ que solo acumulan ‘likes’ y no provocan debates, ni proponen soluciones o generan corrientes de opinión. De igual manera la ignoran cuando se trata de temas importantes para nuestra sociedad y convocan a los mismos ‘expertos’ económicos, políticos, sociológicos y de toda laya, olvidando que fueron autoridades en otros gobiernos y que nunca pudieron dar solución a las cosas que ahora critican o incluso lo hicieron peor. Jessica es una voz fresca que tenemos que escuchar, porque tiene algo que aportar.  

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