Opinión

La insoportable levedad argumental

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16 de julio de 2017, 4:00 AM
16 de julio de 2017, 4:00 AM
… la actuación de las autoridades nacionales en los hechos del pasado jueves 13 de julio es preocupante, porque denota la necesidad de elaborar un relato que minimice lo que pasó en pocos minutos, merced a la desacertada intervención de una Policía que no actuó en concordancia con los protocolos internacionales, que recomiendan fundamentalmente proteger a los rehenes que se encuentren entre las fuerzas del orden y los delincuentes.

 

Tal comportamiento no ocurrió porque desde el Estado (todos los gobiernos, desde el retorno de la democracia) se han desentendido de la alta capacitación que requieren las fuerzas policiales para intervenir en situaciones de crisis. Es un hecho, la Policía hace lo que puede y no lo que debe, porque no hay equipos especializados para tales menesteres. 

 

Los pequeños esfuerzos de conformar estos equipos se acabaron en 2003, en febrero, cuando policías y militares se enfrentaron durante la protesta policial (Gobierno de Sánchez de Lozada), lo que terminó con bajas importantes de ambos lados; esa fue una situación absolutamente aislada y no corriente en la historia democrática (en la Revolución del 52 hubo algo de esto, en otras circunstancias) que tiró por la borda el esfuerzo de conformar equipos de reacción en situaciones de crisis.

 

El jueves vimos mucha voluntad, valentía, arrojo, lo que se quiera poner como adjetivo, pero muy mal desempeño táctico y técnico de parte de las fuerzas del orden, no importa si Romero y el comandante policial nos cuentan un cuento que no es el que vimos desde las redes sociales o si el presidente interpreta que lamentar muertes evitables (así sea de delincuentes extranjeros) es un asunto de las derechas “pro-delitos”.

 

El problema es que el cuento deja de ser tal cuando sabemos que, en el caso puntual, en la vereda del frente se encontró una fuerza que actúa cuando quiere y que traspasa fronteras para imponer su ley, una ley que es de violencia y que no se fija ‘en nimiedades’ para lograr sus objetivos. Entonces lo que queda es reclamar que el Estado (por intermedio de su legal representante, es decir, el Gobierno) tome la decisión de estructurar equipos con capacidades para las tareas citadas. Ese es trabajo de oficiales de policía, capacitados en negociación, en incursión, francotiradores y otros a tiempo completo y sin distracciones en otras actividades ni cambios de destino. Esos equipos necesitan entrenamiento y equipo; para eso hay que invertir, no ‘gastar’. Si no se hace aquello, seguramente estaremos repitiendo los mismos argumentos cuando esto vuelva a pasar y los muertos se seguirán sumando, sobre todo los civiles que están en el medio y que, al parecer, importarán menos que evitar que los delincuentes logren su objetivo. 

 

Si así pasa, si el Gobierno ‘se precia de aquello’, seguiremos enterrando inocentes que no debieron morir de esa manera

 

(Uso el título del formidable libro de Milán Kundera: La insoportable levedad del ser)  
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