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La internacional “trumpista”

Juan Cristóbal Soruco 20/11/2020 05:00

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Es posible pensar que salvo los votantes de Trump en EEUU (que no son pocos, pero sí menos que los Demócratas), los seguidores de líderes populistas de cualquier signo ideológico (desde Putin hasta Maduro) y amplios sectores de clases medias de mentalidad provinciana, con poca formación y a la espera de soluciones mágicas a su situación, especialmente en países en crisis, el resto de la humanidad estamos con mucho miedo de lo que pueda pasar en el país del norte en los próximos dos meses.

Es que, como seguramente se pensaba en la Alemania pre-Hitler o en la Rusia pre-Stalin que estas eran personas estrambóticas, por tanto, imposible de que accedieran al ejercicio pleno del poder, lo mismo nos sucede desde 2016 con Donald Trump. Primero, no se creía que pudiera ser elegido presidente de EEUU; luego, que si era elegido sería sometido a un juicio de responsabilidades dadas las locuras que comenzó a hacer y su comportamiento tributario, y finalmente que no tendría ninguna posibilidad de ser reelecto. Pero, fue elegido presidente, habiendo perdido la elección en lo que a votos se refiere, no fue enjuiciado y ahora está moviendo todos los mecanismos para mantenerse en la Casa Blanca a como dé lugar aun habiendo perdido la elección popular y, esta vez, el número de delegados en el Colegio Electoral.

Poco le importan esos resultados y está subvirtiendo al máximo contra su sistema electoral y dividiendo a su país de tal manera que si finalmente Joe Biden ocupa la Casa Blanca (que es el deseo de la mayoría de los estadounidenses y de quienes se sienten adherentes al sistema democrático en el mundo) deberá gobernar en un estado de permanente convulsión y convenciendo a quienes siguen a Trump de su legitimidad.

Valga esta introducción para advertir que en muchos sectores del país hay un “trumpismo” en gestación. Tal vez el ciudadano que más lo exprese sea Evo Morales. Hagan una comparación entre sus actitudes y verán que son muchísimo más parecidos de lo que a primera vista y utilizando viejas categorías de análisis pareciera.

De hecho, la frase de que solo reconocerían los resultados electorales si ganaban pertenece a Morales y Trump. O que consideren la administración estatal como un botín a su servicio. Y ni qué decir respecto a las pasiones humanas más atávicas (p.e. respecto a las mujeres y a los diferentes en general) o el uso de los sentimientos religiosos.

Y cómo les gusta el poder. Cuánto nos ha costado sacar a Morales del Gobierno y cuánto les está costando hacerlo en EEUU sacar a Trump. Ambos no conciben que sus países puedan seguir existiendo sin ellos, por lo que ante su defenestración no dudan en destrozarlos, pues ese es el castigo que se debe dar a esos malagradecidos si finalmente no los mantienen o reponen en el poder. Solo cabe recordar la instrucción de Morales de cercar las ciudades para que sufran hambre o el debate propiciado por Trump para analizar si invade o no a Irán

Mi esperanza es que finalmente los avances que la humanidad ha dado en materia de respeto a los derechos humanos y la democracia, con todos sus peros, permita que se imponga la cordura para poner coto a este tipo de lideratos irracionales. 

Más aún si se trata de líderes que se asientan, por un lado, en las necesidades de los grupos más olvidados de las sociedades, carentes de educación, provincianos y temerosos ante el futuro y, del otro, sobre la crisis de los partidos políticos que han resignado muchas de sus funciones en aras a un pragmatismo cuestionable.

En todo caso, hay que caminar prevenidos, pues el trumpismo y sus seguidores son como la mala hierba. Están siempre al acecho de destruir lo que les rodea, porque solo de esa manera pueden sobrevivir. Y sus conductores pueden disfrazarse de cualquier cliché ideológico, porque para sus adherentes solo vale lo que dice el líder (diga hoy algo que ayer negó o que mañana vuelva a validar lo que hoy desechó), a cuya voluntad todos y toda la institucionalidad estatal deben subordinarse, condición sine qua non para que los líderes y sus áulicos gocen de las mieles del poder.

Estemos atentos…