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La ideología de género fue un tema decisivo en las elecciones de EEUU, Colombia o Brasil, en donde grupos provida la derrotaron en las urnas. Un tema que hoy es parte de la agenda de algún partido con miras a nuestras presidenciales.

No es un mito, es una doctrina cuya evolución histórica y rasgos de hija aventajada del marxismo cultural sinteticé en mi columna Ideología de género, ese caballo de Troya, lo que desató un intento de censura mediática y social, vía redes. También hubo un artículo que contestaré aquí.

Me dijeron odiador, mientras exigían que el diario se disculpe y cierre mi columna en un ataque a la libertad de expresión. Me dijeron mentiroso, mientras distorsionaban mi escrito a placer. Donde dije “feminazi” (definición de la RAE en referencia al feminismo radical, aún ausente del diccionario), ellos dijeron que dije: “feminismo”. No es lo mismo. El feminismo hace más justo al mundo, eso otro no. Se dijo que atento contra los DDHH, pero mi trayectoria de 20 años de periodismo respalda mi defensa de estos en coberturas de alto riesgo en Chapare, Octubre Negro, la toma de Pando o la historia de un migrante torturado, cuyo caso sentó jurisprudencia en la CIDH. Se me dijo misógino, pero públicamente respaldé a Susana Bejarano tras una amenaza que sufrió en 2017, pero ahora ella pidió mi censura en el diario. Sugerí que ella no había escrito su respuesta a mi columna, pero al momento me disculpé en redes y lo hago aquí: lo siento. Pero aún nadie se disculpa por exigir mi censura ni por los insultos que sufrimos mi familia y yo.

En suma, se quiso demoler al mensajero, porque el mensaje se salió de lo “políticamente correcto”, actual norma social que ve peligroso al disidente y lo sella con la letra escarlata del oprobio. Si retas al ‘sistema’, se activan en tu contra los ‘famosos’; escritores y periodistas, justo como digo en mi columna anterior que el marxismo cultural impone su dictadura de pensamiento único.

¿Qué desató todo esto? Creo que fue un fallido ejercicio de lectura mental a distancia, ya que quien pidió mi censura, además de decir qué debe publicar el diario y qué no, también dice saber lo que no leí y “lo que quise decir” en mi texto.

Dicho esto, refuto El Cuento de Pinto, artículo de Susana Bejarano: Dice que Engels no acuña el término patriarcado. Digo que no lo hace en su sentido antropológico, pero sí en el político, que era de lo que versaba mi escrito. En su tesis sobre Feuerbach, Marx dice en la tesis IV: “Tras descubrir en la familia terrenal el secreto de la familia sagrada, hay que criticar teóricamente y revolucionarla”. Engels obedece y escribe: “El hombre es en la familia el burgués y la mujer, el proletario” (Engels, Friedrich. Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, La Plata, De la Campana, 2011, pp. 66). Aplica la dialéctica para que la revolución salte de la fábrica a la familia. Agustín Laje en el Libro negro de la nueva izquierda, dice: “La familia es el resguardo del individuo frente a la intromisión del Estado”. Por eso Marx manda revolucionarla, y Engels halla el cómo con la lucha de sexos, para vencer al patriarcado.

Bejarano agrega: “Seguro esto (sus dichos) irrita a quienes siguen moviéndose con la única guía de la Biblia” ¿Se refiere a que no deben opinar los 2.436 millones de católicos y evangélicos que hay en el mundo? ¿Qué dirían de esto Agustín de Hipona, Newton, Descartes, Pasteur o Tolstoi, cuya guía era La Biblia? Agrega que hago una ensalada con Gramcsi y el feminazismo, pero solo sintetizo la relación entre las ideas del italiano y su uso en la ideología de género. Por cierto, lo de Gramsci y las ratas es un cierre de texto, no una metáfora. No he dicho que sus seguidores sean ratas. Luego utiliza la figura del “coco”... Sin comentario.

Sobre Simone de Beauvoir, dice: “le atribuye (yo) estar a favor de la pedofilia porque defendió a tres hombres presos por besar chicas de menos de 15”. Eso era delito. Sigue: “busca meter miedo para que aprueben golpizas y asesinatos”. Una acusación tan audaz como falsa. Y agrega: “No es aceptable que a cuento de Libertad de Expresión se incite al odio contra el movimiento femenino”. No incito nada, opino, no sobre el movimiento, sobre los radicales.

En fin, los totalitarios se han mostrado y los defensores de la libertad de expresión también. La gente ahora lo sabe.

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