Opinión

La lección de Bárbara

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Sin ninguna duda esta obra prima galardonada recientemente a escala internacional nos demuestra y desnuda el estado de barbarie en que aún vive nuestra sociedad. El autor del guion y director de la película, nuestro amigo Pedro Antonio Gutiérrez, ha tenido la habilidad de resumir en esta historia una serie de aspectos que nos caracteriza, nos avergüenza y explica a su vez el por qué de nuestro subdesarrollo. Podríamos ejemplificar en este drama urbano la experiencia de muchas familias que sufren en lo individual y colectivo las penurias producto de una sociedad machista, corrupta e inmoral. Con tristeza se puede observar cómo las autoridades en ejercicio camuflan su incapacidad con actos de corrupción infame. En el desarrollo de la película, el espectador no puede evitar de relacionar con rabia e impotencia, actos reñidos contra la moral que suceden a diario y que le han afectado directa o indirectamente.

Considero que la principal virtud de esta producción es crear mayor conciencia ciudadana de esta realidad que nos golpea y nos destroza. Y como resultado de esta profunda reflexión y análisis crítico podamos iniciar un verdadero camino a la transformación y por supuesto al cambio real.

Generalmente cuando tratamos estos temas de fondo responsabilizamos a la clase política o a las autoridades como únicos culpables de nuestra desdicha y en realidad debemos ser honestos y reconocer que somos responsables todos. Existe una frase conocida que sentencia: “Tenemos las autoridades de nos merecemos” y luego corresponde también hacernos estas preguntas: ¿Que hacemos en lo individual para cambiar esta penosa situación? ¿Somos verdaderamente conscientes que si no modificamos nuestra conducta individual no lograremos nada en lo colectivo? ¿Tenemos la autoridad moral de reclamar sobre ciertas actitudes de otros, cuando no somos capaces de mirarnos al espejo?

Definitivamente no podemos aspirar a convertirnos en una sociedad más justa, en una comunidad moderna y equilibrada a la altura de las naciones modelo en el mundo, sino resolvemos estos temas de fondo que nos atan a nuestra condición actual de miseria humana.

Debe existir necesariamente una línea de acción ciudadana que nos involucre y comprometa a todos a trabajar en favor de esta transformación, alejada totalmente de intereses particulares y mezquinos. Y esta sea considerada nuestra mayor contribución personal en favor de las generaciones presentes y sobre todo las futuras.

La recuperación de los valores éticos y morales que se han venido extraviando y degenerando, podría ser en mi criterio un buen punto de partida para esta acción.

Todos tenemos derecho a soñar.

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