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El candidato del Movimiento al Socialismo, Luis Arce, declaró el jueves que su partido respetará los resultados de las elecciones solo si estos son iguales a las encuestas conocidas en los últimos días. 

Siguiendo la misma línea de comunicación, Andrónico Rodríguez, dirigente y candidato a senador por el MAS, advirtió que los movimientos sociales están en cuarto intermedio y que se levantarán y recuperarán el poder en las calles si ven alguna “irregularidad, fraude o convulsión”.

Y para completar el trío de voces, el dirigente minero Orlando Gutiérrez, también en tono amenazante, dijo que “al primer intento de hacer fraude con nuestro voto, Bolivia levanta el cuarto intermedio y vamos por el poder mis hermanos”, y llamó a los jóvenes a pasar de la resistencia a la toma del poder “por las buenas o las malas”.

Finalmente, para completar el mensaje, el dirigente dijo que las Fuerzas Armadas y la Policía deben congraciarse con el pueblo si quieren seguir adelante.

En los tres casos, el mensaje es uno solo: si el resultado de las elecciones del 18 de octubre no le satisface al MAS, entonces simplemente no lo reconocerán y movilizarán a sus bases para desconocer la democracia y tomar el poder por la fuerza.

Las advertencias surgen luego de conocidas las primeras encuestas tras la declinación de la candidatura de la presidenta Jeanine Áñez, que muestran una tendencia ascendente del candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, y que parecen proyectar una inminente segunda vuelta.

Con esos antecedentes el país se acerca cada vez más al día de las mayores definiciones de los últimos años; solo dos semanas más y Bolivia estará nuevamente en las urnas para elegir ruta de futuro quiere para los próximos cinco años.

Pero las amenazas de ‘si no gano yo, no me gusta, pateo el tablero y armo la guerra’ son señales inquietantes que están muy alejadas de una práctica democrática que aparentemente al Movimiento al Socialismo no le interesa demasiado. 

En una elección caben las posibilidades de ganar o perder, y el que está dispuesto a aceptar solo la victoria es porque no está jugando limpio.
El argumento del supuesto fraude es manipulador e irrisorio porque desconoce que fue precisamente el fraude de la elección del 20 de octubre de 2019, que benefició al MAS, el que llevó al país a organizar nuevas elecciones, esta vez con un Tribunal Supremo Electoral en cuya elección primó principalmente la credibilidad y garantía de que sean jueces imparciales del nuevo proceso.

En algún momento el Movimiento al Socialismo tendrá que aceptar la democracia y sus reglas si quiere seguir teniendo vigencia política en el país, porque la lógica de las calles, los bloqueos y la presión social ya no son suficientes para imponer un proyecto político, sea de la naturaleza que fuere.

Los países que entran en el ámbito de las decisiones civilizadas resuelven sus diferencias con el método de la voluntad de las mayorías, que se expresan de manera organizada y ordenada en las urnas. Así de claro. No hay mayor misterio.

Lo contrario significa continuar apostando a la confrontación permanente, la intolerancia y la vía de la violencia como forma de imponer la voluntad del más fuerte, o en el caso boliviano del que más muertos tenga en sus propias filas.