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OPINIÓN

La lucha contra el narcotráfico, fuera de agenda

Juan Manuel Arias Castro 25/9/2020 07:50

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Pese a que el ex presidente Morales renunció hace 10 meses, los masistas de Chapare siguen en su máximo carnaval: sin la presencia de la DEA en el país, emboscan, acribillan y matan a los efectivos de la Fuerza de Lucha contra el Narcotráfico (Felcn), trafican coca, pasta base y cocaína a diestra y siniestra. Los cocaleros siguen ostentando todo el poder del mundo, porque ya no solo siguen mandando en las provincias del trópico cochabambino, sino que pareciera que aun existe una red de jueces y fiscales que protegen y están dejando operar a estos delincuentes sin ningún reparo.

Para el campesino que cultiva la coca, y a pesar de que comparativamente está mal pagado, es un negocio rentable: los cultivos alternativos que podría realizar en sus tierras le proporcionan beneficios mínimos o nulos. Según estudios de las Naciones Unidas el narcotráfico en América Latina genera unos 2,5 millones puestos de trabajo. 

De sus ingresos dependen unos 12 millones de personas más (familiares o personas dependientes), por lo cual se convierte en un elemento estabilizador de primer orden. Se da el caso, (por otra parte lógico) de que el número de empleados en el narcotráfico crece de manera simultánea a cómo decrece el número de empleados en la economía formal. 

A esto se le llama la "economía negra", o encubierta, a la cual se acogen la mayor parte de los desempleados "oficiales". Por otro lado, parte de los beneficios del narcotráfico se invierten en algún tipo de infraestructura legal que permite a los narcos ‘blanquear’ el capital obtenido por la droga.

Este mismo estudio indica que nuestro país es el mayor productor de coca del mundo. Simultáneamente, es el país latinoamericano más dependiente de la narcoeconomía: se calcula que el 30% del PIB boliviano deriva del narcotráfico, y al menos la mitad se integra de diversos modos en la economía del país. 

Cerca del 90% de los ingresos del narcotráfico boliviano provienen de la exportación de hoja de coca, bajo la forma de pasta base. El resto (solo un 10%) corresponde al mercado de consumidores bolivianos. La droga genera unos 650.000 puestos de trabajo, cantidad más que respetable teniendo en cuenta que la fuerza de trabajo del país no excede los 2 millones de personas.

Y como alguien decía, el problema es la política, resulta ser que pese a las presiones del Gobierno de Estados Unidos que alertó sobre los narcotraficantes que se aprovechan de los movimientos de cocaleros que están en alza en los países andinos para aumentar sus negocios en Bolivia y en Perú. Por eso es que en la administración de George W. Bush se suspendieron los beneficios del Atpdea a nuestro país.

Hoy los traficantes se aprovechan del aumento del cultivo de coca en Bolivia para sacar drogas por Brasil y por Perú. Y como en nuestro país todo se vuelve un carnaval, los cocaleros del Chapare no dejan que la hoja de coca que se produce en Los Yungas se comercialice en Cochabamba. Vaya casualidad.

Estamos a menos de un mes de las elecciones presidenciales e infelizmente hasta la fecha no se ha escuchado con claridad a ni uno de los candidatos mencionar su plan de lucha contra el narcotráfico, pareciera como que no existiera y preocupa de sobremanera que este grave problema no quiera ser atendido. Preocupante.