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Cuatro megafábricas de cocaína fueron halladas en una semana por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn). Dos de ellas en el corazón del parque Noel Kempff Mercado y dos en el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). Dos áreas protegidas que han sido invadidas por la mafia organizada, con capacidad de producir droga de alta pureza. El Gobierno destaca los hallazgos como grandes hazañas, como éxito en la lucha contra el narcotráfico, cuando lo que se genera es una profunda preocupación por las connotaciones que hay alrededor.

Se vio con detalle que se trata de laboratorios equipados con tecnología de punta para la fabricación de droga. El informe de la Felcn especificó que los dos del parque Noel Kempff Mercado tenían una inversión de tres millones de dólares, contaban con dormitorios, comedor, habitaciones de seguridad, maquinaria pesada y otros implementos. Estaban ubicados en lugares inaccesibles.

Lo llamativo de estos operativos es que se encontraron las fábricas, pero no hay detenidos y menos droga incautada, aunque sí se halló precursores. El ministro de Gobierno decía que hizo una afectación de tres millones de dólares al narcotráfico. Si son capaces de invertir tanto para la producción de cocaína cristalizada de alta pureza, hay que preguntar cuánto es el rédito que dejan para las mafias organizadas y cuál es el ciclo de producción que manejan, si eran factorías en plena producción o si ya habían dejado de ser útiles para los narcos.

La otra gran pregunta tiene que ver con la cantidad de fábricas de droga que hay en el Noel Kempff Mercado, en el Isiboro Sécure o en otras áreas protegidas. En el primer caso, se trata de una zona de 1,5 millones de hectáreas, en la que casi no hay comunidades habitadas y que está cerca de la frontera con Brasil, que es uno de los mayores mercados del mundo para los estupefacientes.

A ello se suma el despido y también la renuncia, muchas veces forzada, de guardaparques con muchos años de servicio, los cuales -a pesar de las limitaciones con las que trabajaban- denunciaban hechos irregulares en las zonas donde eran destinados.

La presencia de la mafia organizada del narcotráfico en áreas protegidas nacionales es altamente peligrosa, porque se trata de grupos que tienen matones y alta tecnología, que son capaces de repeler con armas a efectivos policiales, o que, cuando se enfrentan entre ellas generan luto, como ha ocurrido con crímenes en Santa Ana de Yacuma y en otros sitios del país.

Es así que no basta con operativos aislados y grandilocuencia respecto a los hallazgos (megalaboratorios, millonario impacto a los narcos, etc.), sino de coherencia y consecuencia. Los operativos deben ser constantes, el Estado debe sentar presencia en todo el territorio nacional y debe respetarse la institucionalidad en áreas protegidas, tanto en lo que tiene que ver con los guardaparques y sus condiciones de trabajo, como en lo que se refiere al freno necesario a ocupaciones irregulares en zonas que no deben ser explotadas para la agricultura y menos para la producción de coca. De lo contrario, el show mediático amenaza con cubrir la expansión de la presencia mafiosa y esta puede tornarse incontrolable.

Tampoco son prudentes los discursos envalentonados reprendiendo a una de las pocas organizaciones que apoya a Bolivia en la lucha contra el narcotráfico. Es correcto defender la soberanía, pero el éxito de las operaciones debe ser demostrado con hechos antes que con palabras



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