Opinión

La maldita política sin ética

9 de febrero de 2020, 3:00 AM
9 de febrero de 2020, 3:00 AM

¿Quién se salva? ¡Nadie se salva! Este bien puede ser el nuevo estribillo a gritar en voz en cuello en Bolivia, dedicado a los viejos y nuevos políticos, a los que hoy los acerca más la falta de ética, que un sincero deseo de recuperar y fortalecer a la democracia. Los hechos que se han ido sucediendo desde el 20 de octubre hasta hoy así lo demuestran. Las listas de candidaturas oficializadas ante el nuevo Tribunal Supremo Electoral para las elecciones generales del 3 de mayo, también. Esta vez, no hay excepción a la regla. En todas hay algo chueco, algo que no debió ser pero es. Candidatos que negaron que lo serían, pero son. Excontrincantes que se sacaron la mugre y hoy son aliados. Críticos a los abusos del MAS, hoy emulándolos. Una sarta de mentiras que confirma una sospecha generalizada en una buena parte de la ciudadanía activa: cayó Evo, pero no la práctica de una política mala.

Es verdad que tres meses es poco tiempo para pretender revertir de vez una práctica que no era nueva en Bolivia, pero que fue “perfeccionada” por la cúpula masista en sus largos catorce años de gobierno. Poco tiempo, pero suficiente para haber marcado el inicio de un nuevo periodo, un auténtico proceso de cambio en la política boliviana. Bastaba que al menos un puñado de actores que destacaron a lo largo de la crisis que se desató el 20 de octubre, tras el burdo fraude electoral orquestado por el MAS en complicidad con el TSE, hubieran mantenido la palabra empeñada, el sentido común, un mínimo de coherencia entre lo que dijeron durante la crisis y lo que hicieron luego. Sobre todo, respeto hacia los cientos de miles de ciudadanos que se mantuvieron movilizados y vigilantes en las calles, reclamando respeto al voto y castigo para los violadores de la voluntad popular.

Pero no hubo nada de eso. La tentación y las ansias de poder, el cálculo y la visión corto-placista pudieron más y llevaron a esos actores, muchos de ellos nuevos en la vida política nacional, a caer en las viejas y malas prácticas tan desdeñadas por todos, al menos en el discurso. Algo que los iguala hoy a Morales y compañía: harán política sin la base ética que tanto le reclamaron al MAS. O sea, nada nuevo bajo el sol. Un mal que se arrastra desde hace siglos, como repite hasta el cansancio Adela Cortina, filósofa de la que rescato un par de afirmaciones: el futuro está definitivamente en manos de ciudadanos lúcidos y maduros, y no en la de los partidos políticos “que no están ayudando a que la democracia funcione”, ya que “al final, lo único que los mueve es un cálculo de votos para intentar llegar al poder”.

Tal cual. Una constatación que nos plantea otro gran problema: ¿hay en el país suficientes ciudadanos “lúcidos y maduros”, preparados para enfrentar los dilemas que nos plantea la actual coyuntura electoral y, más aun, para detectar y superar las manipulaciones de las que hacen gala los políticos de turno en el afán de vendernos sus promesas? Algo de esperanzas nos dejaron las casi cuatro semanas de paro y movilizaciones vividas entre los meses de octubre y noviembre del año pasado. Un periodo en el que la protagonista fue precisamente una ciudadanía comprometida con lo que sucedía en el país, interesada en la política, activa y no apenas reactiva o pasiva. Los pasivos en ese momento fueron más bien los políticos, algunos por propia voluntad y otros obligados por el gran descontento ciudadano. Solo que una vez superada la etapa más difícil de la crisis, los políticos fueron retomando espacios de decisión y de negociación, de los que se fueron relegando a los sectores civiles movilizados. Una retirada prematura e inapropiada, ya que la crisis que estalló en octubre está aun lejos de ser superada.

Una constatación preocupante que debería provocar una nueva movilización ciudadana, capaz de obligar a todos los actores políticos que ya están en carrera electoral, a revisar o reconsiderar decisiones movidas por el juego de ganar votos, a las que cabe señalar como las verdaderas amenazas contra la aun enclenque democracia boliviana.

La maldita política sin ética


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