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La marcha indígena llegó a Santa Cruz hace más de una semana, después de caminar durante 37 días desde Trinidad con el objetivo de llamar la atención del Gobierno central para que escuche las demandas, agenda nacional la llaman ellos, de las comunidades indígenas del Oriente del país. Hasta ahora esperan pacientemente, pero el paso de las horas sin una respuesta es una falta de consideración del Gobierno a su sacrificio, una falta de respeto a hombres, mujeres, niños y ancianos que recorrieron a pie centenares de kilómetros, una ofensa y un desconocimiento de sus derechos.

Más de 500 indígenas permanecen alojados en predios de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, con su agenda nacional de 16 puntos surgidos de los debates y el consenso de los propios integrantes de la marcha, durante el recorrido por la carretera.

Ellos exigen un diálogo con el presidente Luis Arce o el vicepresidente David Choquehuanca, no aceptan viceministros enviados desde La Paz y si el gobierno del MAS dice representar a las grandes mayorías indígenas del país no tendría por qué negarles el derecho de que las conversaciones sean en ese nivel de jerarquía.

Si bien en la agenda de actualidad hay otros temas urgentes para atender, como el generalizado rechazo a la ley contra ganancias ilícitas y otros, la demanda indígena también es prioritaria. El Gobierno sabía desde hace 45 días que tendría que darle atención y escuchar esas demandas. Es más, las autoridades nacionales tenían todas las posibilidades para salir al encuentro de los marchistas apenas estos partieron de Trinidad, pero no lo hicieron. Y tampoco les prestan atención hoy en Santa Cruz, pese al paso de los días.

Al contrario, el propio Luis Arce estuvo en Santa Cruz cuando la marcha ya había llegado, pero prefirió reunirse con la Cidob, una confederación indígena afín a su partido. Arce elogió a la Cidob, pero ignoró completamente a los marchistas que estaban a pocos kilómetros de donde él se encontraba.

Abdón Saavedra, presidente de la Central de Pueblos Indígenas del Beni (Cepib) y vocero de la marcha, denunció que un viceministro enviado por el Gobierno les dijo que “o se unen a la Cidob o no los atendemos”, pero él ratificó que no han venido para ser condicionados, que no son funcionarios públicos.

Evo Morales, jefe del MAS, que tiene más actuaciones públicas y habla también más que el propio presidente Luis Arce, descalificó a la marcha indígena, de la que dijo que es política y que va “junto a golpistas”.

En esa marcha está Marcial Fabricano, un histórico luchador que participó en varias marchas de su pueblo y que ahora tiene 68 años de edad. A lo largo de su vida, Fabricano se ha ganado el respeto de muchos por su liderazgo y su incansable lucha por los derechos de los pueblos indígenas de esta región del país.

Pero desde el MAS solo tienen expresiones de desprecio hacia ellos. Como el exministro Juan Ramón Quintana, que ayer dijo que la marcha que llegó del Beni está integrada por “peones pagados”.

El movimiento indígena que llegó a pie ha mostrado en todo momento mucho respeto, humildad y agradecimiento ante la ciudad, e incluso ante las propias autoridades. En una reciente visita a instalaciones de EL DEBER, Marcial Fabricano oró antes de servirse un desayuno ofrecido antes de una entrevista periodística y agradeció a Dios por los alimentos, por el descanso, por la solidaridad y bendijo incluso a los gobernantes, aunque no piensen como los marchistas. Ese gesto retrata a los integrantes de la marcha. Que más indiferencia no sea la respuesta a su sacrificio.

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