27 de octubre de 2022, 4:00 AM
27 de octubre de 2022, 4:00 AM

A cada hora que pasa se hace más pertinente la preocupada observación hecha por EL DEBER de que el presidente Luis Arce está actuando, y no solo en la retórica belicista, contra Bolivia como Putin lo hace contra Ucrania.

Arce y su tropa han vuelto a repetir en las últimas horas la fábula del golpe, con un aditamento de inocultable entraña xenofobia, cuando no racista: los bolivianos de Santa Cruz serían "golpistas", de modo que ellos pronto serán aplastados por "el movimiento campesino". Es decir, por milicias del MAS (¿armadas, como quería Evo Morales?), porque para este no existe otro campesino que el indígena masista, por convicción o por extorsión.

El libreto parece el mismo de Putin, quien lo ha llenado del más perfeccionado absurdo como excusa para invadir Ucrania y cometer, según denuncias internacionales, múltiples crímenes de lesa humanidad: ha acusado de "nazi" al Gobierno ucraniano, encabezado por un hombre de origen... judío.

¿Empieza ya a sonar conocida la historieta por estas latitudes? Resulta que los golpistas (los nazis de Putin) son quienes fueron víctimas del probado fraude cometido por el MAS en 2019. ¿Y hay algo en estos tiempos más golpista, la violación del orden constitucional para imponer de facto un régimen ilegítimo, que un fraude electoral? ¿Y el intento de Evo Morales y demás dirigentes del MAS por ocasionar un vacío de poder para que algún militar propio se hiciera del poder para luego entregárselo al mismo Morales, si no fue golpista, qué fue?

Pero cuando toda la comunidad internacional atendible ya ha demostrado el fraude, y por tanto rechazado el cómic masista del golpe, aparece Arce para utilizar esa arma-comodín contra el pueblo boliviano, de Santa Cruz y de otras partes del país, por atreverse a ponerle un freno a su afán de volver a burlarse de él con motivo del Censo.

Porque a nadie se le escapa que si el partido cuentacuentos hoy no quiere contar es porque un censo oportuno obligaría a labrar un nuevo padrón electoral y reasignar escaños.

Pero el de los escaños no debería ser un problema de alcance regional: un acuerdo nacional permitiría acrecentar, modificando ese punto de la Constitución o vía interpretación, el número de diputados de modo que nadie perdiera. Aunque, desde luego, sí lo es para los afanes prorroguistas del MAS.

Y más grande aun, para el masismo claro está, es el problema de que un nuevo padrón podría desmontar, según la políticamente perseguida exvocal del TSE Rosario Baptista y otras voces bien informadas, la posibilidad de hacer más fraudes en Bolivia. Y casi peor: podría quedar de manifiesto que el de 2019 no fue el único fraude cometido en los últimos años en nuestro país.

¿Será porque es eso lo que está en juego que Arce, también, manda a Santa Cruz a grupos de violentos, casi tan mercenarios como los de Putin? ¿Para qué otra cosa que para cometer actos de violencia contra los cruceños nacidos y avecindados en este departamento?

En todo caso, es Arce quien ordena a oligárquicos sindicalistas del MAS cortar el suministro de hidrocarburos a Santa Cruz, paradójicamente a los pobladores de esta tierra productora de hidrocarburos.

¿Queda alguna duda de que detrás de la atentatoria -por no decir guerrerista- medida está quien debería hacer de presidente de todos los bolivianos, habida cuenta, además, de que, según reiteradas denuncias, es un hijo de Arce quien se ha constituido en el patrón de YPFB?

Pero eso no es todo. Resulta evidente hoy que Arce prefiere dejar sin combustibles a los bolivianos para enviárselos al kirchnerismo, acaso porque fue en su seno donde empezó a dibujarse la cantinflesca historieta del golpe.

Pero es también razonable la duda: ¿no será que la atrocidad de dejar sin combustibles, agua y alimentos que hoy vemos, aún en estos tiempos, que está cometiendo Putin contra indefensos civiles ucranianos -incluidos niños y ancianos- no es tanto una idea traída de lo peor de la historia de la (in)humanidad como de sus admiradores masistas? ¿No fue la actualización de esta crueldad lo que le escuchamos a Evo Morales cuando ordenaba a un lugarteniente "que no entre comida a las ciudades (...), cerco de verdad"? Y donde dice comida, léase cualquier suministro vital, como el propio MAS hizo en agosto de 2020 para cortar el traslado de oxígeno y medicamentos destinados a combatir el covid. Resultado: 40 muertos.

Como fuera, aunque la sed de violencia, venganza y escarmiento, contra quienes no están dispuestos a que poderosos pertrechados de armas y falsificaciones continúen atropellándolos, no parece muy distinta entre "La Casa del Pueblo" y el Kremlin, hay sí una evidente y fundamental diferencia -¿quién lo diría?- a favor de Putin. El ex-KGB no está actuando así contra el pueblo ruso, sino contra uno al que considera un enemigo.

Es la parte del libreto, al menos el de Putin, que no parece haber entendido Arce. Salvo, claro está, que considere enemigos a los cruceños de Bolivia. Y a tantos otros bolivianos de bien.

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