Opinión

La mentira inquisitorial

Carlos Pol 17/7/2020 10:24

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La negación jurídica de la condición de persona al enemigo es una característica del trato diferenciado de éste, pero no es su esencia, o sea, que es una consecuencia de la individualización de un ser humano como enemigo. La frase de apertura que titula este artículo se atribuye al jefe de campaña de Adolf Hitler: Joseph Goebbels, reconocido por su trascendencia en el proceso de ascenso de Hitler al poder y por el impacto de sus estrategias mediáticas en la creación de la identidad anti-semita. Para Goebbels, al igual que para los adeptos a la filosofía maquiavélica (es decir, referente a la obra de Nicolás Maquiavelo), el acto de mentir debía ser analizado y evaluado más allá del prisma de la moralidad para extraer de él una utilidad innegable: la de influir en la sociedad. 

 Es una técnica que acompaña toda fabricación de un enemigo desde hace siglos. Que, revive el sofisma Ñungo “es mejor condenar cien inocentes que liberar a un culpable”. Esta técnica (chicanearía) consiste en alimentar y reforzar los peores prejuicios para estimular públicamente la identificación del enemigo de turno. Además, consiste en adecuar, deformar e incluso crear conscientemente versiones distorsionadas de los hechos y transmitirlos posteriormente a una audiencia, reuniones o mediante mensajeros (tontos útiles) que, si bien sus receptores podían resistirse a su aceptación, terminaban cediendo con la repetición exacerbada de la mentira (Chismererio). Lamentablemente, las sociedades pueden ver reflejada de manera franca y común el ejercicio de la mentira inquisitorial como hija predilecta de la deshonestidad, bajeza y futileza moral. Un viejo truco de los zorros viejos de la vieja escuela de la política.

 Todo esto, deja en manifiesto que, la ignorancia será el mal y el saber el bien; todo saber abrirá la conciencia y liberará, toda ignorancia será esclavizante, el saber es siempre luminoso y progresista, la ignorancia es oscura y retardataria. Por ende, nada puede detener la marcha del acceso a la verdad y, por consiguiente, el insaciable apetito de verdad del sujeto cognoscente, quién seguirá sin detenerse ante la violencia sobre el objeto de conocimiento y la comprobación de la verdad histórica de los sucesos. 

Autor: Carlos Pol Limpias, Abogado, Doctorando en Derecho

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