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La motivación de los chanchos

Juan José Toro M 10/9/2020 05:00

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El gobierno de Jeanine Añez está a punto de cumplir diez meses en el ejercicio continuo de la presidencia -ojo que no estoy escribiendo “poder”-y eso ya no puede considerarse “transitorio”.

La transitoriedad es la cualidad de lo pasajero, temporal, fugaz… y, tomando en cuenta que nuestro parámetro de análisis es la historia de Bolivia, eso es mucho tiempo y no encaja en ninguno de esos adjetivos.

En un pasado plagado de erráticos procesos políticos, nuestro país tuvo hasta diez gobiernos que duraron menos de tres meses. En ese marco, el más corto fue el de Pedro Blanco, que gobernó seis días, y el más largo el de Walter Guevara, que llegó a dos meses y 23 días.

Añez pasará el año con holgura porque, según apuntan las encuestas, se elegirá al nuevo presidente en segunda vuelta. Eso significa que el cambio de gobierno será en la segunda quincena de diciembre.

Y que digan que las encuestas son manipuladas o pagadas no cambiará mi percepción. Muchos se rasgaron las vestiduras con la última pero, si revisaran todas las que se hicieron, encontrarían que el panorama no ha cambiado demasiado.

Las encuestas reflejan que ninguna de las candidaturas logrará ganar en primera vuelta porque no tienen los pulmones completos para hacerlo. Al MAS le falta la clase media que es la base de CC y esta no tiene el voto duro de los campesinos. Juntos no pudo convertirse en un factor gravitatorio simple y llanamente porque, a lo largo de este gobierno que, como hemos visto no es transitorio, ha demostrado que es más de lo mismo.

Otro de los resultados en común de las encuestas es que las otras opciones no tienen chance, a menos que ocurra un terremoto político que provoque que alguna pueda subir su intención de voto como la espuma de la cerveza. Y si ni siquiera el asesinato masivo de los respiradores ni la truculencia de la pederastia han sido suficientes para convencer a los indecisos, nada podrá lograrlo.

Entonces, habrá segunda vuelta y esa es una lectura clara de las tan criticadas encuestas. La siguiente constatación es que, sin importar qué opción llegue a la presidencia y vicepresidencia, tendrá un parlamento adverso al frente. Conseguir los votos necesarios para sus leyes será una lucha constante, si es que llega a completar sus cinco años, y, finalmente, lo que no consiga mediante la negociación lo hará a través del talegazo y esa es la razón por la que ninguna candidatura quiere bajarse.

Los partidos que van del cuarto lugar hacia abajo saben que no ganarán las elecciones, pero tienen la opción de conseguir algún curul, con el que podrán negociar el voto parlamentario. Por eso no se van estos cochinos.      

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.