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La muerte lenta por humo no impresiona

Fernando Prado Salmón 14/9/2020 05:00

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En el mes de Santa Cruz, “bajo el cielo más puro de América”.

Impacto mundial tuvo el Covid porque produce muertes en 10 días; es decir, a corto plazo. Sin embargo, en Santa Cruz estamos sujetos a una epidemia que dura tres meses al año, la cual al no producir la muerte en una semana sino en años, no impresiona ni a la gente ni a las autoridades, pero sí mata y cómo. Nos referimos a la contaminación del aire por combustión de biomasa, en palabras pobres, al humo de los chaqueos y los incendios forestales.

Lo que en Santa Cruz no se quiere decir es que la contaminación que nos mata no es por combustión de carburantes ni de industrias, que producen gases pero que no son el problema cruceño porque somos una llanura bien ventilada. Es por la combustión vegetal, la llamada biomasa, la cual, además de producir dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre tiene la peculiaridad de producir, sobre todo, pequeñísimas partículas que viajan durante días en el aire, a miles de kilómetros de distancia y que, al respirarlas, penetran a las partes más profundas de los pulmones, de donde no podrán jamás ser desalojadas, acumulándose allí para producir la llamada Enfermedad Obstructiva Crónica EPOC (Aurelio Arredillo, neumólogo)

La medición de esas partículas es la que nos da su grado de peligrosidad y se denomina “índice de calidad del aire por partículas”. Se comienza con las PM10, que significa partículas de hasta 10 micrones. Posteriormente se descubrió que las mas peligrosas y lamentablemente muy numerosas eran las partículas PM2,5, es decir de hasta 2,5 micrones, las cuales se consideran realmente letales en especial para casos de asma y de enfermedades cardíacas.

Lo que se mide es la cantidad de partículas que se encuentran en un metro cúbico de aire. Para las PM2,5, los EEUU han establecido recomendable no superar los 25 microgramos por metro cúbico. En Bolivia se asume un índice para subdesarrollados, o sea más generoso de hasta 50 microgramos por m3. Hoy, jueves 10, el índice de calidad del aire es de de 144, no saludable para grupos de riesgo, se advierte, y eso es debido básicamente al contaminante PM2.5, que esta en 61.

Pero la cosa es peor: según datos de PurpleAir, en agosto, en la triple frontera entre Perú, Brasil y Bolivia, el 16 de agosto la concentración de PM2,5 era de 600 microgramos por m3; es decir 20 veces más que lo recomendado por las agencias especializadas de salud. Se indicaba que “los vientos trajeron material particulado desde la selva amazónica”.

En Italia, pobladores cercanos a industrias contaminantes, petroquímica y de asbesto, demostraron mostrando los índices de incidencia de algunas enfermedades, que el daño lo producían esos establecimientos. Ganaron los procesos y las empresas tuvieron que cargar con enormes compensaciones.

Algún día Santa Cruz despertará de su letargo y peleará por su salud y la de sus hijos. No hacerlo significa dejar que el afán de lucro de un sector, por mas importante que sea, esté por encima de la salud colectiva. El Covid cruceño se llama “chaqueos e incendios”.