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La Naturaleza, Pachamama, Madre Tierra son nuevas categorías creadas desde los textos constitucionales de Ecuador y Bolivia, que expresan una nueva visión para entender la relación económica y social de los seres humanos con el ambiente que los rodea.

Desde hace años una sonda busca infructuosamente agua dulce como fuente vida en planetas donde la presencia humana sea posible. Es evidente, por tanto, que los seres humanos dependemos de otras formas de vida para desarrollarnos y existir. En contrapartida los organismos portadores de vida, desde los simples hasta los complejos, pueden desarrollarse sin intervención nuestra; es más, muchas veces nos transformamos en agentes agresivos, interrumpiendo sus ciclos de generación, desarrollo y transformación, imponiéndoles nuestras necesidades y nuestros fines.

Sin embargo, ahora las cartas magnas de estos países, han dado un giro en la comprensión de las relaciones humanas con el resto de seres vivos, llamados Naturaleza, con la disposición que la declara sujeto de derechos. Hasta ahora, la Naturaleza o la Madre Tierra se la respeta, en tanto su afectación viola de manera indirecta el derecho a tener un medioambiente sano para los seres humanos. Es decir, el centro de todo somos nosotros y de manera subordinada, los seres vivos de quienes depende nuestra existencia. Pero desde que en 2014 la orangutana Sandra del zoológico de Buenos Aires fue beneficiaria de un hábeas corpus, acción específica prevista para tutelar derechos humanos individuales, está claro que otros seres vivos pueden ser sujeto de derechos, no ya como cosas funcionales a las personas, sino como seres vivos con capacidad propia. O cuando el Parque Nacional Yasuní en Ecuador fue declarado intangible, prohibiéndose la explotación petrolera por la afectación que tendría en tanto sujeto de la Naturaleza.

En Bolivia, la CPE y la Ley de la Madre Tierra establecen que esta, en tanto conjunto armonioso de sistemas de vida que comparten un destino común, debe ser respetada, debiendo garantizarse un conjunto de derechos para el cumplimiento de sus fines propios, prohibiendo acciones humanas que impidan su capacidad de regeneración natural. El Tipnis es, ante todo, un sistema viviente que está expuesto a acciones humanas que podrían comprometer su reproducción. La herida de muerte que supone una carretera que interrumpa los ciclos biológicos que hacen posible su existencia es el peligro al que está expuesto en este momento. Esto es lo que la Comisión del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza ha venido a constatar y es probablemente las pruebas de ello lo que se ha querido esconder con el bloqueo del domingo pasado.

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