Opinión

La necesaria transparencia

9 de abril de 2020, 3:00 AM
9 de abril de 2020, 3:00 AM


La de ayer fue una jornada intensa en generación de noticias. Hubo cambio de ministro de Salud y el Gobierno decidió intervenir los Servicios Departamentales de Salud (conocidos como Sedes), dejando la sensación de que falta información que permita terminar con la incertidumbre ciudadana que agobia a todos los bolivianos.

La cuarentena comenzó el 22 de marzo y desde entonces han sido paralizadas la mayoría de las actividades productivas. Hace una semana comenzó a pagarse el primer bono, el de la canasta familiar, generando muchas penurias especialmente a las personas de la tercera edad. La urgencia de otorgar recursos económicos a los más pobres determinó que los primeros días de pago reine el desorden y se exponga a los seres más vulnerables: los ancianos. La incorporación de otras entidades financieras en la entrega de los recursos mejora un poco la situación.

La siguiente semana comenzará el pago del bono familia y ya se ha anunciado que beneficiará no solo a los estudiantes de inicial y primaria, sino también a los de secundaria. Es de esperar que el pago sea más ordenado y que alivie la situación de las familias más empobrecidas del país.

Sin duda, la erogación de tales recursos implica el sacrificio de otras inversiones que serían fundamentales en condiciones normales, pero que pasan a segundo plano cuando lo que hay es hambre y mucha necesidad de que se respete la cuarentena.

Lo que queda pendiente de solución es el gran déficit de recursos de salud que hay en las regiones, especialmente en el departamento de Santa Cruz, donde faltan miles de ítems, donde hay centros médicos asignados la atención del coronavirus que tienen profesionales impagos y donde no se termina de resolver la carencia de material de bioseguridad para el personal de salud. En esta contingencia se sabe que Bolivia está accediendo a créditos y donaciones millonarios para resolver sus carencias, pues tiene el segundo peor sistema sanitario del continente.

También se ha sabido que gran parte de esos recursos adicionales se están administrando de manera centralizada por el Gobierno nacional y que poco o nada es lo que se ha entregado a los niveles subnacionales, lo cual no termina de comprenderse, teniendo en cuenta que hay competencias específicas de cada nivel de Gobierno y gobernaciones y alcaldías están utilizando el dinero de unos fondos para atender la emergencia de esta pandemia.

Ha llamado la atención que en las últimas horas se sepa de la posesión de una especie de interventores en los Servicios Departamentales de Salud (que dependen de las gobernaciones), como para que el Estado central tenga el control de las acciones que realizan las autoridades departamentales. Esto demuestra un excesivo celo y pone en evidencia que falta confianza y coordinación en un momento crucial para el mundo y para el país.

Cada departamento, en particular, y el país, en general, tienen necesidades imperiosas, como las unidades de terapia intensiva, respiradores, ítems para recursos humanos y mucho más. Todo esto está siendo contratado en esta emergencia y es menester que los procedimientos utilizados sean transparentes y sean debidamente informados a la ciudadanía. Así como es crucial que los ciudadanos confíen en sus autoridades, es determinante que estas últimas se hagan acreedoras de la fe del pueblo.

Será importante que las autoridades nacionales sean capaces de coordinar con los niveles subnacionales, porque no ayuda la imposición de “interventores” que actúen por encima de las autoridades departamentales, si falta un trabajo mancomunado que debe tener el único objetivo de proteger la vida de todos los bolivianos. En cualquier caso, la transparencia y la honestidad con el ciudadano será la mejor herramienta para que entre todos superemos la peste del coronavirus.

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