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OPINIÓN

La necesidad de repensar al Estado

29/5/2020 03:00

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Waldemar Peralta Mendez - Abogado 

En tiempos de Covid, la incertidumbre es la mayor certeza; nadie sabe cómo evolucionara esta crisis y dónde puede arrastrar a las sociedades y sus gobiernos. Desde nuestro punto de vista, existen para el país, los siguientes posibles escenarios, tomando en cuenta las dimensiones, sanitarias, económicas, políticas y sociales; asumiéndolas como interdependientes.

1. Se tiene un comportamiento colectivo responsable, que respeta el distanciamiento social, con esto, la curva de contagios se incrementa controladamente y a medio plazo comienza a descender, sin rebasar nunca la mejorada capacidad sanitaria nacional, posibilitando la reactivación económica gradual de varios sectores, minimizando los conflictos sociales causados por la cuarentena y mitigando la crisis política nacional de cara a la reanudación del proceso electoral.
 
2. La fase de cuarentena dinámica, se desenvuelve con un frágil e irresponsable distanciamiento social colectivo, que ocasiona que la curva de contagios se incremente, llevando al límite la precaria capacidad sanitaria nacional en varios departamentos y colapsando en algunas regiones como el oriente, imposibilitando la reactivación económica de diversos sectores o cerrando a mediano plazo los que se abrieron, incrementando los conflictos sociales causados por la cuarentena y generando una virulenta confrontación política que genere un alto grado de ingobernabilidad.
 
3. El incumplimiento total del distanciamiento social en varios departamentos, es la constante durante la cuarentena dinámica , la curva se dispara y colapsa dramáticamente el sistema sanitario en gran parte del país, con cientos de fallecidos que ni si quiera lleguen a los centros de salud, imposibilitando a mediano plazo cualquier reactivación económica efectiva, dinamitando los conflictos sociales en diversas regiones con saldos trágicos y consolidando una crisis política que pone en riesgo la institucionalidad estatal.
 
A esto se suma la incertidumbre económica y el ánimo negativo colectivo, luego de más de 2 meses de cuarentena y los efectos psicológicos que conlleva este confinamiento, agravado por elevados niveles saturación de información, producto de una combinación tóxica entre ignorancia y miedo que dio como resultado sectores de la sociedad automedicados y fóbicos. Estamos ante una hipersensibilidad colectiva nunca antes vista; un acierto de los gobernantes vale por dos y un error cuenta por diez. Los ciudadanos perdieron la paciencia, estuvieron encerrados mucho tiempo, quieren soluciones rápidas; por esta razón, cuando lo permita la pandemia, el contexto generara que los ciudadanos asistan a las urnas, no solo a escoger un gobierno, sino más que nunca con la intención de reformar el Estado.
 
Sea cual sea el escenario final, la crisis del Covid, clausura una era de cómo se concibe las sociedades, es imposible pensar en la continuidad de lo que se venía haciendo. Es obligatorio repensar el rol del Estado, Bolivia debe cambiar su modelo, a partir de este punto de inflexión, reconociendo que la crisis afecta a todos, pero no afecta a todos por igual, que el hambre no se contagia, aquí radica el principal problema, la desigualdad sobreexpuesta y sin maquillajes.
 
A partir de ahora, tendremos un Estado que tiene que lidiar con la muerte, el hambre y el desempleo en niveles insospechados, con serios problemas para financiar sus obligaciones, con ingresos reducidos por el descenso y diferimiento de ingresos por tributos, con un precio del petróleo por los suelos indexada a los ingresos por venta de gas, con una deuda externa en crecimiento y reservas internacionales diezmadas; como si esto fuera poco, sin fecha de elecciones y con un Movimiento al Socialismo apostando a la solución por el caos y el desastre.
 
Esto obliga a los líderes políticos, a responder de forma innovadora a los desafíos que nos trae la pandemia, independientemente del resultado de la confrontación política electoral que se avecina, la gran tarea es cimentar un nuevo modelo. Se debe abandonar el paradigma del gobierno que gasta recursos, por el Estado integral que genera riqueza.
 
Creo, como conclusión, que el gobierno no será nunca más el motor de crecimiento; esto obligará a la necesidad de repensar el pacto social, requiriendo una gran capacidad de consensos y teniendo a los modelos inclusivos, como el corazón de todas las acciones y al sector privado, como el nuevo motor económico nacional.
 
Este nuevo paradigma, obligará a redescubrir el potencial que tiene Bolivia y eso se hará entendiendo que la crisis del Covid, es una crisis transnacional, que va más allá de la realidad local y que por ende, las acciones que se asuman para gestionarla, deben ser también transnacionales.
 
Últimamente, se repite que luego del Covid, se debe reconstruir la economía y generar empleo; pero ¿vamos a superar la crisis vendiendo materias primas? ¿Debemos reconstruir el viejo modelo o iniciar la construcción de uno nuevo, que se adapte a la nueva normalidad?
 
Bolivia debe avanzar de manera urgente en un proceso de transformación digital, hacia un gobierno electrónico, accesos de servicios de salud y educación digital, incrementando la conectividad, de industrias creativas, mejorando la plataforma de servicios privados, asumiendo la necesidad de un mundo interdependiente y conectado. El Covid aceleró la necesidad de conectividad y nuestro país aún no está preparado.
 
Se debe pensar políticas para que las industrias estén mejor preparadas para brindar servicios de teletrabajo, acceso de servicios en línea, digital skills, porque además la competencia no será local, sino más que nunca transnacional.
 
Ante la crisis económica y la imposibilidad estatal de financiar varias de sus obligaciones, las Alianzas Publico-Privadas, tendrán un papel determinante. El sector privado, será el motor del crecimiento, debe ocupar el lugar otrora del Estado y convertirse en el principal proveedor de bienes y servicios públicos. Se debe trabajar cuanto antes un marco regulatorio de APP, para atraer capitales de riesgo, con seguridad jurídica, con concesiones e impuestos que sean justos y no asfixien al sector privado, estimulen las inversiones y la rápida reactivación económica.
 
Hospitales, carreteras, aeropuertos, públicos, materializados con inversiones privadas, se convertirán en una urgencia nacional, ya que será la única manera de mantener el ritmo de inversión en infraestructura, desarrollo y, al mismo tiempo, incorporar el conocimiento técnico y gerencial del sector privado, aportando valor agregado y mayor eficiencia técnica.
 
La necesidad de las sociedades y en especial de sus liderazgos de ser resilientes, de navegar y sobrellevar la adversidad, de ser creativos y adaptase a la nueva realidad para sobrevivir, es el gran desafío de la generación Covid, que apertura en todo sentido, un nuevo ciclo histórico.
 
Charles Darwin dijo, "No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio".