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La pandemia afecta al mismo tiempo la salud y la economía

Alberto Bonadona/Economista

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24 de abril de 2020, 11:40 AM
24 de abril de 2020, 11:40 AM

La crisis actual es única en la evolución del capitalismo moderno, tanto por su origen en una causa biológica como en sus profundos efectos económicos globales. Muchos lideres en el mundo insistieron en que ambos impactos deberían ser enfrentados por separados con el argumento de que la vida está primero. 

Jair Bolsonaro todavía insiste en que debe ser así.  Un eco de esta aproximación se encuentra en algunas declaraciones del equipo económico del Banco Central. Posiciones que no acaban de entender que la protección de la vida se encuentra tanto en la lucha contra el coronavirus como en proporcionar los medios de vida necesarios en medio de la pandemia y en el momento que sus efectos en la morbilidad y mortalidad de la población disminuyan y sean controlados. Esto es, ver de manera integral lo que ocurre hoy en la vida de la gente ligada al día después, y los sucesivos días después, de controlada la epidemia.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), pronostica una caída en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para todos los países resultado de la pandemia. Advierte que los países de mercados emergentes de bajo ingreso se ven afectados por la salida de capitales y por las consecuencias en su producción debido a las exigencias para atender la epidemia. Una combinación de factores de salubridad con los económicos que actúan al unísono y su tratamiento no puede ser separado. La directora general del Fondo, Kristalina Georgieva, con gran perspicacia afirma que “a la vez que proteger la salud de las personas” es necesario “alcanzar la recuperación económica”. Hasta el FMI, que se caracteriza por visiones parciales de los fenómenos sociales, en esta siniestra situación asume una concepción amplia, general, holística.

A la ortodoxia económica le cuesta enormemente advertir que la crisis que se enfrenta tiene una transcendental diferencia por el gran shock que genera en los sistemas de salud que vienen de la mano de sus fuertes repercusiones, particularmente, en las economías de menor tamaño esparcidas en el mundo entero. Le es casi imposible combinar el optimismo, que se debe mantener para vencer los efectos inmediatos en la salud de la peste, con la advertencia respecto a la agudización en las condiciones de ganarse el pan que tienen la mayoría de sus poblaciones en los países más pobres.

Nouriel Roubini, un economista que alcanzó la fama por ser uno de los pocos economistas que ya en 2006 previno la crisis financiera de 2008, ahora advierte que la actual crisis empujará caídas del 6 al 10% en el primer trimestre y de 24 al 30% en el PIB de los Estados Unidos en el segundo. Cifras que dejan cortas a las anunciadas por organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Y sugiere, en contra de toda política tradicional, que hoy corresponde una política de repartir dinero como pan bendito desde “un helicóptero”.

No es aconsejable enfocarse solo en el efecto de la crisis del Covid-19 en salud sin observar el efecto gemelo en la producción. Ambos están afectando la vida de las personas. La virulencia de la epidemia colapsa los sistemas de salud. La lucha contra esa virulencia exige la cuarentena obligatoria. El encierro riguroso de las personas imposibilita, en Bolivia, no ganarse el pan de cada día al menos a un 80% de la población que se gana la vida en la economía informal; esa de comprar barato aquí para venderla un poco menos barato allí. De no ver una solución también conjunta, los pronósticos del FMI y del Banco Mundial en torno al 3% de caída del PIB se quedarán cortas y superará, fácilmente, sumergirse en las oscuras y nefastas profundidades de un 6% negativo.

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