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La pandemia exige privaciones y sacrificios

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Estas fiestas de fin de año son obligadamente diferentes a las convencionales en tiempos normales; las reuniones masivas acostumbradas deben reducirse en los participantes, de lo contrario, es arriesgar la vida con el inminente contagio y además contagiar.

Las privaciones y hasta sacrificios son exclusivamente para cuidarse y evitar el contagio en espacios cerrados. Por ejemplo Alemania se ha propuesto un confinamiento con menos participantes que lo que proponen otros países; aquí se extraña la ausencia de directrices claras para enfrentar con decisión y disciplina un rebrote o tercera ola que ya es una realidad.

La pandemia, con este virus pertinaz, que es una ponzoña contenida en un microorganismo que se desarrolla solo en otro organismo viviente, es un estrago que exige sacrificio. Existen muchas clases de sacrificios, empero, para el caso, este sacrificio es sustitutivo pues se lo ofrece en lugar de otro, por ejemplo, en lugar de una fiesta masiva, sacrifico este evento convencional por el beneficio de disfrutar de buena salud, cuyo sacrificio es el cuidado sin desmayos.

Y ¿por qué esta pandemia es un estrago? El estrago es un delito porque implica una acción que afecta a las poblaciones como un riesgo general. Este delito ha sido cometido por las potencias mundiales que deciden por la mayoría y es consecuencia de su tesitura negligente y codiciosa al continuar con la demencial explotación de la naturaleza, interrumpiendo la armonía y natural reproducción de los ciclos de vida del reino animal, mineral y vegetal.

Esta alteración del ciclo de reproducción de la naturaleza genera como respuesta de la misma la aparición de diferentes virus que diezman a las poblaciones.

Estas cogitaciones despiertan, hasta en el individuo más indolente, el interés de grupo conocido como la actitud de la conciencia de mujeres y hombres que actúan para obtener fines o valores que se alcanzan para el desempeño de la interacción social; y que son esenciales para la continuación de la vida humanos.

En el anterior postulado está implícita la dimensión vital de la vida y el concepto interhumano que comprende las relaciones de toda índole, que son un trasunto de la solidaridad. Hoy muchos de nosotros hemos participado del dolor ajeno debido a la pérdida de un ser querido por esta pandemia.

Surge la reflexión sobre esa persona fallecida entendiendo que legó, como todo el que muere, amor, calor humano y actitudes honestas a su entorno y que ahora se vaporizarán con el paso del tiempo; extrayendo como consecuencia que la expectativa de vida de esa persona era superior y, sin embargo, no le asignó importancia a la pandemia disfrutando de la vida como era su rutina; reticente a la mascarilla y a guardar distancia y, llegó inexorable, el contagio.



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