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La paranoia del cocalero

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Hay un dirigente de los cocaleros de Chapare que sufre una paranoia: quiere paralizar la historia de Bolivia en el instante en que él huyó, por cobarde, el 11 de noviembre de 2019.

Querría que el tiempo pudiera detenerse en aquel instante, cuando abordó un avión mexicano para escapar, porque está ahora convencido de que en ese momento él perdió la oportunidad de mantenerse como dictador por mucho tiempo.

¿Cómo detener la historia en un momento del pasado? ¿Y luego cambiar lo que ocurrió?

La mayoría de los humanos saben que eso no es posible. Ni siquiera lo consideran posible aquellos que vieron la película de Superman, con Christopher Reeve, cuando decide retroceder en el tiempo y hacer que la tierra gire al revés hasta llegar al momento de la corrección.

Como eso no es posible, ha decidido obligar a once millones de bolivianos a retroceder sus memorias en aquel 11 de noviembre de 2019, para que él pueda corregir lo que hizo.

Este es un típico caso de frustración paranoica. Se presenta en personas que han perdido oportunidades en la vida y querrían corregir los hechos del pasado.

Pero se trata de casos en que las personas se encierran en algún lugar estrecho y se proponen imaginar el retorno de los hechos y tienen alucinaciones sobre ese momento. Pero no molestan a nadie. Son locos aislados, de los que se dice “cada loco con su tema”.

En este caso, el sujeto en cuestión no se ha encerrado: quiere que todos los ciudadanos del país le acompañen en su paranoia y detengan sus memorias en aquel lunes de noviembre de hace dos años.

Algunos expertos creen que el sujeto en cuestión tiene un déficit de neuronas en el cerebro debido a que lo sometió a un intenso bombardeo de sustancias químicas. Algo parecido a lo que le ocurrió a Diego Maradona, un famoso jugador de fútbol que destruyó las neuronas de su cerebro con cocaína a tal punto que apenas se entendía lo que decía.

En este caso han pasado dos largos años, que en Bolivia son realmente muy largos. Tenemos problemas que resolver, comenzando por la pandemia y las vacunas rusas que no llegan nunca.

El hecho probable es que en el entorno de este paciente no haya nadie que le haga notar que la vida continúa, que el país no puede paralizarse en aquel momento en que él se mostró tan cobarde como realmente es y huyó perdiendo los calzoncillos.

La historia no da dos oportunidades a los cobardes.

Humberto Vacaflor Ganam es Periodista

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