1 de octubre de 2023, 4:00 AM
1 de octubre de 2023, 4:00 AM

El Modelo Económico Social, Comunitario y Productivo (MESCP) está huérfano y moribundo. Padres, padrastros, tíos lejanos, suegras putativas, zombies y otras criaturas de la revolución se disputan la paternidad intelectua l del vástago en retirada.

 
El jefe supremo de la comarca y chamán, en el marco de lanzamiento del inicio de su campaña para presidente, activó la guillotina de la ignominia y procedió, sin anestesia ni rubor, a degradar al actual presidente Arce, de líder, padre e ideólogo del sacrosanto modelo económico, a vulgar cajero, de esos con visera, mangas postizas y mirada de mascota. Por supuesto, el sablazo político ha producido reacciones airadas y silencios muy reveladores.

En primer lugar, ha salido a la palestra del griterío el actual ministro de Economía y Finanzas Públicas, que en la categorización de Morales sería algo como el auxiliar o cerrajero, a defender la paternidad de Arce sobre el modelo extractivista. 

Montenegro dijo que Arce junto al difunto Carlos Villegas y otros actores, habrían inventado y desarrollado el modelo. El propio presidente puso a disposición de la platea, ávida de sangre y morbo, su tesis de licenciatura y maestría donde, el eterno funcionario del Banco Central de Bolivia (BCB), habría desarrollado el modelo económico, nada más ni nada menos, que desde las entrañas del ogro liberal en los años noventa el BCB.
Recordemos que es el mismo Morales, orgulloso de los resultados económicos a inicios de su Gobierno, bautizó a su equipo económico como los Chuquiago Boys, enfatizando el endogenismo de sus ideas. Ahora, les quita su bendición y los rebaja a cabos rancheros lleva plata.

A pesar del piropo de cajero, vestido con su visera azul y mangas postizas rojas, Arce dijo que esto es como el cacho: Lo que se ve se anota. Es decir, lo que importa son los resultados. 

El presidente repitió la propaganda: la tasa de inflación más baja del mundo mundial. En agosto de este año, pututus al viento, hemos alcanzado el 1,55%. Por supuesto, solo se muestra la punta de la enagua. No dice nada sobre la inflación de alimentos que ya está por encima del 6% hasta el octavo mes del 2023. Por otra parte, el novel cajero también se hace al del otro viernes sobre la inflación reprimida.
Los precios están bajos, por subsidios gigantescos, tanto para alimentos como hidrocarburos. Las subvenciones funcionan cuando tienes plata. Pero si e stás raspando la olla, como es el caso de Bolivia, es una bomba de tiempo. Tic, toc, tic, toc… ¡Agárrate Catalina!

También cabe recordar que esta inflación baja, le costó al erario nacional, una pérdida de más de $us 12.000 millones de las reservas internacionales del BCB para mantener el tipo de cambio fijo y así, facilitar la importación de bienes externos baratos y así contribuir a los precios bajos. 

Por otra parte, Arce en su nuevo rol de orgulloso “paganini” de fiesta del consumo, repite, un clásico de los culebrones mexicanos en su defensa: No me importa lo que digan de mí. El crecimiento económico está elevado.
Sin embargo, esto ya no es verdad. El crecimiento del producto viene de cayendo desde 2014, excepto el rebote estadístico que se produjo después de la pandemia en el año 2021. 

En efecto, al primer trimestre del 2023 solo crecimos al 2,2 %. El Gobierno había dicho que creceríamos al 4,8 %. Así que seguimos cuesta abajo en la rodada. Eso sí, muy orgullosos, con el puño en alto y cantando la música del Puma Rodríguez: “Por haberte tenido olvidada, por dejar que muriera el amor, por haberte negado mano. Culpable soy yo. Culpable cajero soy yo”.

Otra de los mantras de la propaganda, que Arce le refregó en la cara a su ex hermano y compañero es que tenemos la tasa de desempleo más baja del continente.
Digan lo que digan los demás, la tasa de desocupación es del 3,7%. Pero siguiendo la ley de Solís, hazte al sonsito y serás feliz, no dice que está tasa oculta un serio problema de precariedad laboral. Más del 80% de las personas (3,2 millones de almas) sobreviven en el sector informal, con una ocupación muy precaria, salarios de miseria y sin ninguna protección social. 

En segundo lugar, quien debe estar cocinándose en los ácidos de los celos intelectuales, sin duda alguna, debe ser el Pitágoras del proceso de cambio que siempre se presentaba como el dueño de las 70.000 poderosas neuronas que habrían engendrado el modelo económico, social y político. 

Ahora bien, el subtexto que hay detrás de este juego de tronos criollo sobre el modelo y sus padres es que estaríamos frente a una invención ideológica única en términos de desarrollo económico. De hecho, en algún momento, el delirio ideológico del masismo insinuó que, por este modelo, un economista ‘Boli’ iba camino al primer Nobel de Economía.
A rigor, hasta ahora se dice que el mundo mira boca abierto el modelo y por supuesto, a la academia sueca se le chorrean las medias frente a esta idea de que el Estado se apropia del excedente económico y lo distribuye para hacer política social y económica. A nadie en el universo se le había ocurrido este ingenio. 

Como tampoco nadie se hubiera imaginado que - padres, padrastros, cajeros y utileros del modelo- se hubieran empeñado en estrangular, con un talento suicida único, al sector petrolero que era, justamente, el que brindaba los recursos para que esta máquina de generar riqueza y acabar con la pobreza, funcione.

Sin querer meter mi cuchara en la sórdida pelea por el poder dentro de la hermandad, me veo en la obligación intelectual de aclarar dos cosas para terminar este artículo. En primer lugar, el modelo es un recalentado del viejo desarrollismo de los años 40 y 50. 

Los ideólogos del modelo han redescubierto el extractivismo, que Bolivia aplica hace casi 200 años. También han revivido, de manera muy primaria, algunas ideas de Raúl Prebish, que ya había hablado de la industrialización por sustitución de importaciones. O sea, el modelo no tiene nada de nuevo. 

Es un coñichi mal hecho. En segundo lugar, se pelean por un zombi. El modelo económico está en fase terminal. Evistas y Arcistas practican necrofilia política.