1 de junio de 2024, 7:00 AM
1 de junio de 2024, 7:00 AM


Ahora que abundan las noticias sobre proliferación de engaños y estafas, es menester tener en cuenta, que el dinero se vuelve a ganar, pero esta vida no se vuelve a vivir. Hoy pisamos tierra, mañana nos cae encima.

Aquellos que viven mintiendo, crean una ilusión de la verdad (llegando ellos mismos, de forma ridícula, a creerse sus propias mentiras como si fueran verdades, proclamándola mañosamente como veraces, demostrando una absoluta ineptitud, mala fe, perversidad y necedad); y, todavía se complacen en la injusticia y el daño causado, persistiendo desvergonzadamente en su pésima conducta, provocando daños; los cuales, en los hechos, jamás son remediados.
Son descarados, pues todavía se sienten disqué muy ofendidos y se victimizan, cuando se les exige el cumplimiento de sus obligaciones o cuando se les demuestra la realidad objetiva de lo que son.

El colmo es, que pese a todo ello, éstos persisten hipócritamente, dándose ínfulas de ser supuestamente, gente de bien, gente noble, próspera y/o muy religiosa, como si esa fachada (pura apariencia) y esos rótulos, les diera credibilidad, confianza y hasta santidad, cuando en realidad, son unos facinerosos delincuentes y cómplices; por lo tanto, son tan maleantes, mentirosos y sinvergüenzas, gente indecente, sarcástica, grotesca, perniciosa y totalmente desconfiable, que es muy típico en ellos, el mostrar siempre una cara de desentendidos y de falsa humildad. Gente corrupta, que buscan siempre aprovecharse, tener privilegios y enriquecerse de la mentira y el engaño.

Para los facinerosos, la mentira y la corrupción, son su moneda corriente pues éstas les resulta rentable (porque logra enriquecerse – ilícitamente – y abusan de los demás, aprovechándose de la corrupción), favorable (consideran que el potencial económico que pueden obtener producto de la corrupción, les ayuda a camuflarse como personas prósperas, alcanzando falsamente un supuesto prestigio únicamente por el dinero que ostentan o que aparentan) e impune (a través del soborno, de la retardación de justicia, etc. consiguen no ser sancionados y – en algunos casos- menos aún llegan a ser investigados) y lo que es peor, que además la misma es socapada y defendida por muchos tibios desvergonzados.

El facineroso, no responde a criterios de ser o no ser: asociales y/o educados, pues los hay sociables hasta los camuflados a manera de excusa o pretexto como personas devotas, creyentes o puritanas. De esta manera, puede ser un individuo altamente instruido con título profesional como también una persona analfabeta, pero eso sí, en ambos casos, coinciden en ser bastante maleantes, abusivos, sinvergüenzas, mediocres, ignorantes y torpes, peor aún aquellos que nos venden deudas a precios siniestros.

Con todo ello, evitemos ser como estos perversos que viven engañando a mucha gente y tampoco les tengamos ningún tipo de consideración, aprecio, respeto y confianza, pues son una lacra social que incluso en algunos casos se configuran en clanes familiares delincuenciales (pues son los padres, con su mal ejemplo, los maestros de las fechorías hacia sus hijos, quienes ven y aprenden, la conducta inicua y desvergonzada de sus progenitores) y/o llegan a constituirse en organizaciones criminales organizadas.

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