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La perversidad del dictador Daniel Ortega

11 de febrero de 2023, 8:11 AM
11 de febrero de 2023, 8:11 AM

Salieron del infierno. Recuperaron su libertad física, pero les quitaron la patria. El dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, expulsó a 222 presos políticos. Los subió a un avión con rumbo a Washington en un acto que sorprendió a todos, especialmente a quienes estuvieron tras las rejas durante al menos 600 días y sus largas noches.

Eran opositores al régimen de Daniel Ortega: políticos, escritores, artistas, estudiantes, ex guerrilleros del sandinismo contra la dictadura de Somoza, excandidatos que se atrevían a disputarle el poder al actual dictador de este país centroamericano, cuyo pueblo está sometido a su falta de escrúpulos.

Los testimonios son desgarradores. Estuvieron en celdas pequeñas, solos y aislados cada uno de ellos, sometidos a torturas físicas, especialmente en el penal llamado “el infiernillo”, y presiones sicológicas y emocionales con las que buscaban quebrarlos y llevarlos a la locura. Una de las más icónicas detenidas, Dora María Téllez, relata que a ella como a otros, no se les permitía ver la luz del sol ni saber qué hora era. Pasaban el tiempo con una rutina propia, para no romperse. Sin contacto entre sí, sin contacto con sus familias, tampoco les permitían acceder a libros ni a material de escritura. Así, cada día, durante 600 días.

El año 2021, cuando se aproximaban las elecciones en Nicaragua, Daniel Ortega comenzó a apresar a todos sus opositores. Con una justicia sometida al régimen, condenó a los presos políticos y los aisló, pretendiendo que, si nada se sabía de ellos, él podría lograr una reelección ilegal en su país. Lo que logró fue imponerse a base de terror y de más autoritarismo.

No solo fue en ese momento, el régimen continuó la persecución hasta el presente. Si en principio eran apresados los que podían hacerle sombra, después fueron los periodistas y los medios, así como los miembros de la Iglesia católica. Así callaba a quien osara cuestionar su mandato.

Pero esa no fue su primera acción contra su pueblo. Daniel Ortega empezó la represión mucho antes. Y el primer pico de la violencia de Estado ocurrió en 2018, cuando fueron asesinadas más de 300 personas que salían a las calles a protestar contra el autoritarismo de este hombre.

Los 222 presos expulsados de Nicaragua ahora pueden ver el día y la noche, pueden conversar y abrazarse entre ellos y con sus familiares. No obstante, esta “liberación” conllevaba un castigo adicional: ahora son apátridas, porque Ortega hizo aprobar una ley para quitarles la nacionalidad. Ellos dicen que nadie les quitará su esencia nicaragüense y ahora lucharán contra el régimen desde el exilio.

La realidad de Nicaragua y los dramáticos testimonios de estas personas permiten concluir que en Bolivia también se persigue a los opositores, cometan o no cometan faltas a la ley. A veces también se fabrican argumentos y se los hace parecer delitos como pretexto para justificar las aprehensiones. También hay gente en la clandestinidad, y en esta condición también hubo un fallecido, el dirigente cívico de Potosí, Juan Carlos Manuel. Recientemente, el ex embajador boliviano en Brasil, Jerjes Justiniano, dijo que aconsejó a su hijo Jerjes que no vuelva a Bolivia porque no hay justicia, después de que éste fuera citado para declarar por uno de los casos del supuesto golpe de 2019.

Que la historia reciente de Nicaragua sirva para exigir y luchar por la democracia plena en Bolivia, con justicia independiente y sin ningún tipo de abuso de poder.

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