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La “petaca de doña Isolina”

Martes, 02 de enero de 2024 a las 18:00

Por Redacción

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Mario E. Barragán Vargas

El 27 de agosto de 1967, Doña Isolina Morales Cabero v. de Pantoja, hija del Cnl. Mariano Lino Morales de los Reyes, resolvió documentar, en la ciudad de Tarija, una declaración notariada de los recuerdos que conservaba del accionar de su padre, el Cnel. Lino Morales de los Reyes y del de las fuerzas tarijeñas que lucharon en la Guerra del Pacífico con la V División.

Desde sus 19 años de edad, cuando tuvo lugar la invasión chilena a Antofagasta (1979), hasta el momento en que hizo esas declaraciones, a sus 103 años de edad, Doña Isolina estuvo reuniendo cuidadosamente datos de los hechos en los que participó su padre convirtiéndose, paulatinamente, en custodia y depositaria, tanto de documentos que su padre y sus partidarios consideraron importantes como de los recuerdos de una época turbulenta que arrasó con las más caras aspiraciones de nuestra Patria.

En su relato, Doña Isolina hace hincapié en el clima de confrontación y represión que existía en el país tanto en la época del gobierno del Gral. Melgarejo como durante todo el periodo de la llamada Guerra provocada por Chile en 1879. Esta situación se prolongó hasta mucho después de terminado ese conflicto debido a las acciones que se instrumentaron en el Golpe de Estado que se dio al Gral. Hilarión Daza, en plena contienda, así como el de su posterior extrañamiento del país y su asesinato, en Uyuni, en 1794. Del mismo modo, la muerte de su abogado, el Dr. Ipiña, ocurrida poco después; el del propio héroe de Tambillos, el Cnl. Rufino Carrasco, muerto a cuchilladas en el atrio de la Iglesia de San Francisco, en La Paz e, incluso, el fusilamiento de los Colorados de Bolivia que tan destacada actuación tuvieron al comienzo de las acciones bélicas con Chile creaban un clima de intimidación que se extendió hasta mucho después de esos acontecimientos puesto que, a poco de iniciada la guerra del Chaco, el 7 de octubre de 1932, aparecen bruscamente muertos en Tarija doshijos del Cnel. Juan Bautista Ayoroa, uno de los actores de las acciones bélicas de la Guerra del Pacífico, luego de haber visitado San Lorenzo en busca de indicios acerca de los documentos que su padre habría dejado en custodia de la hija del Cnel. Lino Morales de los Reyes.

Uno de los secretos más celosamente guardados por Doña Isolina fue, efectivamente, el de los escritos del Cnl. Ezequiel Apodaca, Jefe del Estado Mayor de la V División, quien, al comienzo de sus Memorias, indicó lo siguiente:

“Las hojas de este relato las comienzo en Potosí, pero seguiré poniéndola para seguridad poco a poco he resuelto mandarlas a San Lorenzo a la familia Cavero”.

Que este propósito del Coronel Apodaca hubiera sido realmente cumplido lo confirma la propia Doña Isolinacuando señala que, para la preparación de sus recuerdos habría consultado, sobre todo:

“…la “Memoria de la Guerra del 79 que dejó el Coronel Apodaca, un tarijeño de Yesera que fue jefe del Estado Mayor de la Quinta División, en la referida contienda… ”.

El relato de Doña Isolina deja entrever que la famosa “petaca” que guardaba tan celosamente en uno de los rincones más escondidos de Huacata, una propiedad perdida en los valles de Canasmoro, contenía, no solamente “lamentos de injusticias no reveladas” sino, también documentos de gran valor que estaba en la obligación de hacerlos conocer al mundo antes de que terminaran siendo roídos por los ratones en casi 100 años en ese olvidado rincón de Huacata.

La existencia de este documento comienza a sospecharse en 1956, cuando el Dr. Carlos Gonzáles Saavedra hizo conocer que tenía en su poder una carta original del Gral. Hilarión Daza en la que manifestaba a su interlocutor, el Dr. Luciano Valle, que estaba trayendo para su defensa un ejemplar firmado de las Memorias del Cnel. Ezequiel Apodaca como principal prueba de su inocencia.

Poco después, en 1969, un grupo de intelectuales, entre los cuales se encontraban dos de los nietos del Cnel. Lino Morales, los Drs. Carlos y Ariel Morales Avila, conformaron el “Comité Nacional Pro Reivindicación Histórica de la Guerra del Pacífico” para conmemorar el 90 aniversario de lo que llamaron: la Batalla de Canchas Blancas. Es en este momento en el que comenzaron a circular las primeras copias mecanografiadas de las Memorias que mencionamos anteriormente, tomadas del manuscrito original que Doña Isolina estuvo custodiando hasta ese momento según su propia referencia. Todas estas acciones permitieron individualizar ese olvidado documento dando inicio a un proceso de análisis de sus diversas incidencias que permitieron que esas Memorias hubieran sido visibilizadas, conocidas y promocionadas.

La significación de las memorias del Cnl. Apodaca

Las Memorias del Cnl. Apodaca, como se las llama corrientemente, no fueron en general tomadas en cuenta por los historiadores bolivianos por desconocimiento de su existencia ya que, conforme mencionamos, su descubrimiento fue relativamente tardío.

El primero que las menciona, de manera parcial, es Roberto Querejazu Calvo en su obra: “Guano, salitre y sangre” en el Capítulo XIX, en el que cita varios de los episodios que relata Apodaca, especialmente la reunión de Campero con su Estado Mayor y lo que llama “emboscada” a un destacamento chileno en Canchas Blancas sin llegar, en ningún momento, a calificar ese hecho de armas como una “batalla”. Llama sin embargo la atención que describa, con lujo de detalles, el dramático momento en que el Cnl. Villarpando explotó en llanto cuando constató el éxito de ese hecho de armas.

Querejazu tampoco hace mención al Parte de Guerra enviado por el Cnl. Lino Morales el 13 de noviembre de 1789al Gral. Narciso Campero, Comandante en Jefe de la V División, conducido y entregado: “en mano propia” por la comitiva que se formó para el efecto, integrada por el Cnel. Juan Bautista Ayoroa, el Cnel. Mariano Colodro y el Cnel. Apodaca, que se unió a ella una vez que se cercioró de la contundencia del triunfo en Canchas Blancas.

Querejazu debió haberse visto sorprendido ante la abundancia y brillantez de los datos aportados por Apodaca pero se dejó llevar por el espíritu negacionista impreso por quienes no querían que ese hecho hubiera sido conocido. En todo caso, resulta evidente que puso en ese momento un filtro a la información que había recibido, mencionando unas cosas y otras no, como si hubiera dudado de su autenticidad y veracidad. Deja sin explicar la razón por la cual se permite dudar de un hecho de armas descrito de forma tan brillante y el criterio empleado para hacer una discriminación de ese tipo.

Pese a ello, en varios artículos de prensa publicados posteriormente, condensados en un nuevo libro, el mismo autor refiere: “Solamente dos fracciones de la Quinta División llegaron a cumplir misiones bélicas. Lo hicieron mientras el grueso de sus camaradas deambulaba sin sentido en su retaguardia” refiriéndose, concretamente, a los ocurridos en Canchas Blancas, en las cercanías de la población de Alota, el 12 de noviembre de 1879 y en Tambillos, los primeros días de diciembre del mismo año al mando del Cnel. Rufino Carrasco. Reconoce, por lo tanto, el valor de la información contenida en esas Memorias y, por consiguiente, su autenticidad, validez y veracidad pero continúa sin referirse al Parte de Guerra.

Las Memorias del Cnl. Apodaca en opinión de algunos autores chilenos

Los autores chilenos Aldo Garrido y Pablo Lacoste[2] hacen una valoración de la historia de este documento siguiendo los planteamientos de Bauer[3] y Atkinson[4] para establecer su grado de autenticidad y, de acuerdo a ello, califican a este documento de: “verosimil y una fuente de valor histórico”.

Estos autores hacen notar que las Memorias de Apodaca fueron ignoradas por la corriente historiográfica de la Guerra del Pacífico, tanto en Chile como en el Perú y en la misma Bolivia. Como hipótesis de trabajo, los autores citados concluyen que:“este Diario puede considerarse auténtico y merece por tanto ser incorporado al corpus documental de la Guerra del Pacífico junto a ser reconocido como una fuente valiosa para el análisis de diversos temas de la historia latinoamericana.”

Pese a ello, hacen una diferenciación muy neta entre las Memorias del Cnl. Apodaca y el Parte de Guerra enviado por el Cnl. Lino Morales al Gral. Narciso Campero, al cual no le dan ninguna credibilidad basándose, sobre todo, en los partes del ejército chileno que se encontraba de servicio en la zona.

“La Petaca” y la heurística

Un hecho que debe señalarse al analizar los “tesoros” de nuestra “petaca” es que, hasta la fecha, no se ha podido localizar ningún original de las Memorias, “manuscritas” escritas por el Cnl. Apodaca. Lo único que existe son los “mecanografiados” que hemos descrito, extraídos, según suponemos, del “original” que se habría encontrado en aquella “petaca”. Suponemos que era un manuscrito debido a que, en aquellos tiempos, no existían máquinas de escribir y, siendo, por consiguiente, “copias” de “copias”, no se puede tener la certeza absoluta de que lo se dice en ellas sea auténtico y fidedigno.

Este hecho obligó al empleo de técnicas heurísticas de investigación que permitieran la valoración de datos y factores coincidentales que pudieran coadyuvar a establecer la validez de los hechos descritos, tensionando al máximo el relato conforme a lo recomendado por algunos autores.

Esta metodología fue aplicada en los Conversatorios organizados por la Sociedad de Etnografía e Historia de Tarija, realizados el pasado año de 2021, en plena Pandemia, para tratar de resolver la interrogante de la discutida existencia de la denominada Batalla de Canchas Blancas descrita con lujo de detalles en la Memorias del Cnl. Ezequiel Apodaca y tan cuidadosamente ocultada por intereses ajenos a nuestra Patria conforme indicaba, el 13 de marzo de 1880, el propio Cnl. Apodaca: “Lo de la Batalla de Canchas Blancas, luego del triunfo de Tarapacá, que tanto nos costó, nadie sabe… Alguien se guardó los Partes con la idea de que: “hay que fregar a los dacistas”.

La Batalla de Canchas Blancas constituye uno de los más brillantes episodios bélicos de nuestro país. En algún momento se trató de atribuirle tintes político-partidistas que desvirtuaban su verdadera esencia. El estudio mencionado propone su revalorización para develar su verdadera trascendencia. Los ribetes en los que se desenvolvió la colocan, con justeza, como un gran Capítulo de nuestra Historia militar que ha seguido los mismos métodos seguidos por el gran Anibal Barca, en el año 216 a.C.

Nos mueve a pensar, asimismo, que se debe replantear el estudio de nuestra Historia y que los objetivos a conseguir tienen forzósamente que pasar por la devolución de los territorios conquistados por Chile como meta que debemos perseguir en lo futuro.

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