Opinión

La política contra la salud

Hugo José Suárez 17/6/2020 03:00

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Se dice que Bolivia carga el peso de tener malos gobernantes. Parece cierto. Los ciudadanos creemos en los nuevos proyectos, pero rara vez llegan a buen puerto. Inclinados a un lado o al otro del campo ideológico, la nación apuesta a líderes, a discursos, a ideas que encarnan el sueño de una época; lástima que el suspiro dura tan poco. Los bolivianos somos enamoradizos confiamos en las palabras de quienes se dicen gente de palabra, y a los meses o a los años, las palabras se las lleva el viento.

Sabemos que la política es el arte de mentir sin que nadie se dé cuenta, de engañar sin que traiga muchas consecuencias. Pero ahí estamos, más temprano que tarde, levantando otra bandera que será igual de fugaz que la anterior.

¿Cuál es el político menos creíble en las últimas décadas? ¿quién ha dicho con más entusiasmo que iba a hacer algo y luego hizo otra cosa? ¿cuál fue el más convincente y a la vez el más mañoso? ¿el mejor pajpaku? Se aceptan nombres. Difícil decisión. Se parecen demasiado.

Unas semanas atrás, un lúcido artículo mostraba cinco cosas que Evo hacía y ahora critica. Sirve el ejemplo y se aplica a muchos, sean gobierno u oposición. Añez reproduce todo lo que algún día reprobó. Encuentre las diferencias entre el uno y la otra. Nuevamente: se parecen tanto.

Durante los mejores años del gobierno de Evo Morales me esforcé por mostrar más las continuidades de su gestión con las anteriores que subrayar la retórica de la ruptura. Hoy se aplica lo mismo para Añez. Se esfuerza por mostrarse diferente a su antecesor con un discurso altisonante, sin embargo, en realidad, no es más que otra cara de la misma medalla.

Si los animales políticos son siameses con disfraces que ocultan su natural similitud, lo que el Covid 19 ha hecho es desnudarlos, exhibirlos en ropa interior, arrebatarles las máscaras. Frente a la crisis sanitaria mundial más dramática de nuestra historia, todos actúan pensando no en la salud de los bolivianos sino en su voto. Antes de consultar un reporte epidemiológico, miran su posición en las encuestas. Qué pasará si las elecciones son en septiembre, o si son dos meses más tarde, quién gana, quién pierde. La pregunta sobre los riesgos, la pertinencia de alargar o no la contingencia es respondida con la proyección de la intención de voto y su probable evolución en los meses inmediatos. La salud está siendo sometida a los intereses políticos.

Otra vez, ¿en quién confiar? ¿En Añez que todo lo que quiere es tener el mejor puntaje para continuar en el gobierno -que, no lo olvidemos, tenía que ser transitorio-, en Evo que sólo desea dejar a su delfín para salvarse el pellejo? ¿A quién le importa cuánta gente está enferma?

Insisto: la política es el arte de mentir sin que traiga muchas consecuencias. ¿Quién es más mentiroso? ¿Evo? ¿Añez?
Estamos acostumbrados a ver que los políticos manoseen las ideologías, que salten del borde de un río al otro para llegar al poder. Pero cuando el puente está construido por la deteriorada salud de los ciudadanos en un contexto de crisis, es inaceptable. La mezquindad impregnó sus espíritus. Ni en los momentos más extremos, son capaces de mostrar un poquito de civismo. Ni en las condiciones más duras pueden dar un paso atrás, dejar de moverse en el cálculo electoral y actuar pensando en la gente.

Sin duda, no es la nobleza de nuestra clase política la que hace que Bolivia un gran país. Y no está en ella ni el futuro y ni la salida de esta dramática situación.