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La política de inmunización

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El problema de salud pública en el que se ha convertido la pandemia del coronavirus, ha abierto debates amplios y complejos en relación a lo que hacen las farmacéuticas en el mundo, los gobiernos de los Estados y el comportamiento de los ciudadanos. Pareciera que con la experiencia que llevamos acumulada, algo más deberíamos haber aprendido los tres actores mencionados; sin embargo, esto tiene sus matices, en gran medida porque el espectro de los intereses es muy extendido y complejo. Por eso ante el escenario de segundas y terceras olas de la pandemia, un elemento clave es la obtención de las vacunas y si es posible que los actores privados puedan importar para inmunizar junto con el Estado a su población.

Algunos ejemplos al lado nuestro, nos muestran que en el caso del Brasil, su Asociación de clínicas de vacunas, que alberga a empresarios privados de ese país avanzan en negociaciones para adquirir una vacuna de la India, lógicamente previa aprobación de la calidad de la vacuna por su respectivo ente regulador de medicamentos que depende del Estado. Aparte de la vacuna que el gobierno se encargará de distribuir de manera gratuíta, y de paso de tener la licencia para la producción de la vacuna Oxford.

En el caso del Perú, además de inmunizar desde el Estado con la vacuna China y la de Oxford. El gobierno de ese país acaba de aprobar un reglamento que permite un registro sanitario condicional por un año a medicamentos y vacunas que dan lugar a una emergencia nacional declarada por el gobierno. Esta decisión fue cambiada respecto del año pasado en la que se aseguraba que ningún privado podría importar vacunas porque la incertidumbre aún en ese entonces sobre estas era importante.

En el caso de México, también existe un avance importante a la apertura de la importación privada de vacunas, dado que su presidente López Obrador hace pocos días atrás dijo públicamente que no habría oposición si los privados y autoridades regionales quieren importar vacunas, el espíritu es que se vacunen todos y pronto.

Volvemos a nuestro contexto, al igual que los otros casos mencionados, el Colegio Médico de Bolivia pidió que se pudiera abrir la importación de vacunas, existe a la fecha un Decreto Supremo firmado por el presidente Arce en el que faculta a los entes estatales y privados a la importación de respiradores y equipos clínicos para atender la pandemia. Pero es importante que el gobierno se abra a mantener una acción coordinada y formal con la empresa privada además de con las autoridades regionales y locales.

Es de sobra conocido que tenemos un mercado “negro” o informal de todo tipo de productos, en este contexto por ejemplo los hay desde las mascarillas que se pueden comprar en cualqueir esquina de los barrios hasta las medicinas que las farmacias no tienen y que otros las importan vía contrabando. Incluso pensando en que el gobierno autorice la comercialización de la vacuna a los privados lograría con eso que no aparezcan en el mercado informal y de paso recaudar impuestos por estas que deberían ir para la compra de más vacunas gratuitas a la población.

Seguramente existirán personas que no estén de acuerdo con la venta de la vacuna, sin embargo, en tiempos tan catastróficos como los que estamos viviendo tenemos que pensar en que los empresarios privados son aliados útiles que pueden ayudarnos a levantarnos de manera conjunta como país. Finalmente, ya que estamos hablando también en estos tiempos de salud y de crisis económica, hay que recordar que a la empresa privada también le importa tener a sus trabajadores vacunados porque el costo de que no puedan ir a sus fuentes laborales es más alto, por eso igual salimos ganando todos.

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