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8 de abril de 2024, 4:00 AM
8 de abril de 2024, 4:00 AM


Diego von Vacano

En el trasfondo de la prometida industrialización del litio en Bolivia, los antecedentes revelan una gestión plagada de errores, politiquería y falta de transparencia que han llevado a Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) al borde de la quiebra técnica. Al profundizar en estos antecedentes, es esencial identificar a los responsables detrás de estos errores y analizar cómo sus acciones han impactado negativamente en el desarrollo del sector del litio en el país.

Varios medios de comunicación afirman que el “gobierno busca culpables por tropiezos en la industrialización del litio.” En vez de estar buscando a culpables de cosas de hace diez o quince años, ¿por qué no simplemente corregir los errores de esta gestión y de las anteriores? La campaña electoral de Arce es lo que prima. No da tregua en buscar pretextos para ir en contra de Evo Morales, aun en temas técnicos de urgencia.

Si realmente quiere encontrar culpables, el gobierno no tiene que ir lejos. He aquí una lista de los responsables del sector del litio desde 2021, que prácticamente no han hecho nada para industrializar el sector, tan fundamental para la economía boliviana.

Rol controvertido de Franklin Molina: Ministro de Hidrocarburos y Energías
Franklin Molina, Ministro de Hidrocarburos y Energías, ha ocupado un lugar central en la gestión del sector del litio en Bolivia desde noviembre del 2020 hasta la actualidad. Sin embargo, su desempeño ha sido objeto de repetidas críticas y controversias.

La primera convocatoria para la extracción directa de litio en abril de 2021, bajo su supervisión, resultó en un fracaso evidente. Aunque prometió la construcción de complejos industriales para la producción de carbonato de litio con una meta ambiciosa de alcanzar 100.000 toneladas para el 2025 mediante la implementación de la tecnología EDL, la realidad se ha alejado de esta visión inicial. En lugar de ello, el proyecto ha retrocedido hasta el punto de solo construir plantas piloto con capacidades de producción de 2.500 toneladas.

Pero lo que agrega insulto a la herida es el cinismo exhibido por Molina al aplazar el proyecto, evidenciado aún más por la firma de convenios en la Unión Europea con empresas de Francia y Bélgica. Es una ofensa al sentido común y a la integridad, mostrando descaradamente cómo se favorecen a ciertas empresas que probablemente también serán beneficiarias en la segunda convocatoria. Este acto de cinismo no solo desacredita la gestión del litio, sino que también arroja una sombra de corrupción sobre todo el proceso, demostrando que los intereses personales y los posibles sobornos parecen prevalecer sobre el verdadero progreso y la transparencia en la gestión de nuestros recursos estratégicos.

Molina se empeñó en implementar estas plantas con tecnología EDL sin comprender adecuadamente el nivel de avance de la aplicación industrial. En su afán por desacreditar la gestión del expresidente Evo Morales, ordenó la paralización de la implementación de las piscinas industriales, poniendo en riesgo la continuidad de las operaciones y producción de cloruro de potasio y carbonato de litio debido a la falta de materia prima.

Además, su incapacidad para garantizar una licitación adecuada para la planta de tratamiento de agua, con un sobreprecio de más de 25 millones de bolivianos, ha generado fuertes denuncias de corrupción. Sorprendentemente, Molina dirigió los contratos de asesoramiento técnico, jurídico y económico para la selección de empresas EDL a YPFB, una empresa deficitaria sin experiencia comprobada en la industria del litio. Este sesgo evidente sugiere favoritismo hacia empresas que podrían haber sobornado al ministro, en otro caso como se podría entender que empresas sin experiencia demostrada en el sector de la industria de litio en la fase extractiva sean seleccionadas (Uranium One Group, CBC).

La falta de liderazgo efectivo de Molina ha puesto de manifiesto su ineficacia y su falta de conocimiento en el sector energético. Su gestión ha estado marcada por la politiquería y las decisiones cuestionables que han obstaculizado el desarrollo del sector del litio en Bolivia.

Luces y sombras de Álvaro Arnez: Viceministro de altas energías
Álvaro Arnez Prada, ingeniero electromecánico con aires de grandeza que lo llevan a creerse un tecnólogo, ocupó un papel destacado desde noviembre de 2020 hasta 2022 en la gestión del sector del litio. Su influencia se extendió en múltiples aspectos, dejando tanto luces como sombras en su paso.

Lideró la elaboración de la convocatoria internacional de empresas de Extracción Directa de Litio (EDL), un proceso que levantó dudas debido a su favoritismo hacia ciertas empresas con las que ya había mantenido reuniones previas. Además, redujo drásticamente los requisitos de experiencia para empresas junior, estableciendo un mínimo de tan solo 3 años, lo que generó controversia sobre la transparencia del proceso.

Su injerencia en las decisiones de ejecución del proyecto de YLB también fue notable, intentando influir incluso en la contratación de una consultoría internacional por más de 86 millones de bolivianos. Sin embargo, su gestión no estuvo exenta de controversias y conflictos de interés.

La eficaz intervención de Franklin Molina lo colocó en una posición desfavorable, particularmente debido a un incidente relacionado con el envío de salmuera boliviana a una empresa estadounidense antes de la firma de los convenios de EDL. Se evidenció su conexión con dicha empresa, en la que también estaba involucrado el hijo del presidente Luis Arce. Este hecho puso en entredicho su integridad y objetividad en la gestión del litio.

Otro episodio cuestionable fue su intento de dirigir la contratación de una planta de tratamiento de agua con una empresa china, una acción que fue descubierta y que contribuyó a su aislamiento por parte de Molina en el tema del litio. Actualmente, su influencia en el ámbito del litio ha disminuido considerablemente, demostrando que los aires de grandeza y los intentos de manipulación no siempre llevan al éxito en la gestión de recursos estratégicos como el litio.

Ignorancia y desconocimiento de Raúl Mayta: Viceministro de exploración y explotación

Raúl Mayta, ingeniero geólogo, un portavoz mal informado de Franklin Molina, muestra una lamentable falta de conocimiento y comprensión al enfrentarse a las denuncias recientes. Es sorprendente escucharlo afirmar que las piscinas fueron construidas únicamente para la producción de fertilizantes y no así para la producción de materia prima de carbonato de litio. ¿Cómo puede una autoridad ejecutiva cometer semejante aberración? Francamente, sus declaraciones reflejan una falta de entendimiento alarmante.

En lugar de ayudar a esclarecer y apoyar a YLB, Mayta solo entorpece y coloca a la empresa entre la espada y la pared. Sus afirmaciones sobre el estado de abandono de la planta de carbonato de litio a finales de 2020, seguidas de sus comentarios sobre haber realizado una "reingeniería", contradicen los hechos. Aun cuando ni siquiera han probado el proceso diseñado por la empresa alemana Kutec. Además, su optimismo sin fundamento sobre la inauguración de la planta y las afirmaciones sobre un mercado garantizado muestran una desconexión preocupante con la realidad.

Habla de la construcción de complejos industriales con tecnología EDL sin comprender los requisitos básicos, como la disponibilidad de agua. Como geólogo, debería saber que los estudios de certificación del balance hídrico así como la cuantificación de los recursos y reservas de agua son fundamentales. Sin embargo, parece incapaz de entenderlo.
Su incompetencia es evidente en cada declaración que hace, y es triste ver cómo una figura de autoridad se reduce a ser un mero títere en manos de otros.

Rol ineficiente de Karla Calderón: Presidenta de YLB

La designación de Karla Calderón, ingeniera electrónica, como presidenta de YLB, es un claro ejemplo de cómo la politiquería ha permeado la nefasta gestión del litio en el Gobierno de Luis Arce. Sin embargo, su nombramiento carece de fundamentos sólidos en experiencia y conocimiento relevante en el campo del litio. Más bien, parece haber sido influenciado por consideraciones políticas y por su relación personal con el ministro Franklin Molina, así como con Salvador Beltrán, ahijado del mismo ministro. Este patrón de nombramientos sin méritos profesionales se repite con su predecesor, Carlos Ramos, también ingeniero electrónico, ambos títeres de Franklin Molina.

Calderón ha demostrado ser poco efectiva en su rol de liderazgo. A pesar de haber sido fiscal de la construcción, montaje y puesta en marcha de la planta industrial de carbonato de litio desde 2021, su gestión ha sido cuestionada. 

En palabras de la propia Calderón, aseguraba haber realizado una reingeniería en la planta, pero no ha logrado garantizar la materia prima ni los insumos necesarios para la operación continua de la factoría, inaugurada en diciembre del pasado año.

 Una inspección realizada por senadores en marzo reveló que la planta no ha logrado producir carbonato de litio grado batería. Además, no se ha probado el funcionamiento total de los equipos, no hay suficiente capacidad de suministro de energía eléctrica, ni insumos para la producción de carbonato de litio grado batería, y la calidad de la materia prima es cuestionable. 

Además, carecen de agua tratada, entre otros problemas, lo que ha contribuido al estancamiento del proyecto y al despilfarro de recursos.
El caso de Karla Calderón resalta la necesidad de un enfoque más profesional y técnico en la gestión del litio en Bolivia, alejado de las influencias políticas y los nombramientos por amiguismo. La falta de experiencia y capacidad en los puestos clave solo perpetúa los problemas y retrasa el desarrollo de un sector vital para la economía del país.

Influencia personal de Salvador Beltrán: Gerente de Investigación y Proyectos

Salvador Beltrán, ingeniero electrónico, es otro ejemplo de las decisiones cuestionables que han marcado la gestión del litio en Bolivia. Aunque ocupa un cargo destacado en YLB, su experiencia y conocimiento en el sector litio son objeto de dudas, siendo que él mismo afirma ser un experto en gastronomía, haber trabajado como mesero en Estados Unidos e incluso haber estudiado bellas artes. Estas credenciales parecen incoherentes con las responsabilidades que implica su posición en una empresa estatal.

Lo más preocupante es su relación personal con Franklin Molina y Karla Calderón, lo cual plantea serias preguntas sobre cómo obtuvo su puesto y si sus decisiones están influenciadas por estas conexiones personales. A pesar de las denuncias en su contra en la contratación de la empresa Carlos Caballero para la ejecución de la planta de tratamiento de agua, Beltrán es inamovible debido a su estatus de ahijado de Molina y la supuesta protección que recibe de él.

Es especialmente alarmante su participación en la mal llamada "reingeniería" de la planta de carbonato de litio, un proyecto que, en realidad, consiste en una simplificación del proceso complejo diseñado por la empresa alemana Kutec. Estas decisiones son influenciadas por relaciones personales en lugar de méritos profesionales.
Influencia Externa y Corrupción de Marcelo Arce, "MarceLitio".

En 2019, el hijo del primer mandatario tuvo un papel fundamental en las tomas de decisiones en el litio (con cuales empresas trabajar, con cuales no, intimidar a consultores, amenazar a gente, etc.). Existen muchos más audios, fotos y mails que comprueban que efectivamente tuvo y quizás aún tiene vínculos con empresas norteamericanas de litio. Hasta ahora se desconoce su paradero, empleo, o papel actual dentro del sector energético. Quizás aún tiene vínculos con empresas norteamericanas y rusas de litio que participaron en la convocatoria internacional de EDL.

 Su presunta vinculación con empresas extranjeras del sector genera preocupaciones sobre conflictos de interés y corrupción. La falta de transparencia en estas relaciones plantea interrogantes sobre la integridad del proceso y contribuye a la percepción de politiquería que rodea la nefasta gestión del litio en el Gobierno de Luis Arce.

En resumen, la politiquería y la falta de liderazgo efectivo han sido barreras significativas para el desarrollo del sector del litio en Bolivia. Los errores cometidos por figuras clave como Franklin Molina, Álvaro Arnez, Raúl Mayta, Karla Calderón, Salvador Beltrán y Marcelo Arce han revelado la falta de transparencia y la ineficacia que han caracterizado la gestión del litio en el Gobierno de Arce, lo cual debe ser investigado.

Es evidente que Arce, en última instancia, es responsable de esta situación. Puede intentar desviar la culpa hacia Evo Morales, Luis Alberto Echazú u otras personas, pero los retrasos actuales de Bolivia en este sector, en comparación con Chile y Argentina, se deben a la politiquería durante la gestión de Arce.

Para lograr la tan ansiada industrialización del litio, es crucial abordar estos problemas y garantizar una gestión transparente y eficiente que beneficie a todo el país.

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