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La praxis política en Bolivia

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Antes de empezar con nuestro análisis, es fundamental tomar en cuenta la siguiente interrogante: ¿Es necesario someter la política a lo político para llegar al poder o permanecer en él? Puede ser, o tal vez, para muchos sea algo normal, una práctica común y corriente, sobre todo, para quienes se han acostumbrado a vivir de la política ostentando servir al pueblo o ven a la política como una alternativa para poder surgir, prosperar y vivir cómodamente sin el menor esfuerzo o, simplemente hacen de ella una forma de vida.

En efecto, aquí, lo político es concebido como las alianzas, pactos, acuerdos, negociaciones, decretos, leyes, referéndums y demás acciones que hacen los políticos para llegar al poder o permanecer en él. Por otro lado, la política, más allá de ser una ciencia o el arte de gobernar, es la expresión de una sociedad civilizada que ha decidido vivir en armonía, conservando la paz, la seguridad, el orden y las buenas costumbres en el marco de las leyes y demás normas establecidas.

Pero, volviendo al tema central de nuestro análisis, diremos que lo político es un fenómeno objetivo, contrastable y mensurable dentro de la praxis Política boliviana que no se lo puede obviar. Por eso, es absurdo negar este fenómeno, sobre todo cuando vemos que a diario los políticos someten la política a sus propios intereses por encima de los intereses del pueblo. Son capaces de todo, porque unos se vuelven ateos, otros se hacen creyentes y osan hablar de Dios, cuando ni siquiera conocen la Biblia.

De verdad, es muy repugnante el actuar de los políticos que pugnan por llegar al poder, y lo peor de todo es que no tienen un mínimo de conciencia social; por ejemplo, lo que ha pasado con Camacho en Santa Cruz, es decir, la doble moral, la doble personalidad y el doble discurso que demostró en el corto tiempo que ha ingresado a la arena política. Esto nos demuestra algo irrefutable, y es que la mayoría de los políticos se meten a la política no porque tienen vocación de servicio, sino porque tienen una visión de servirse de ella. Siendo que a la política hay que verla no como una profesión que genera ingresos o un negocio rentable. No, hay que verla como un medio para trabajar y servir al pueblo.

Como diría Max Weber: “Hay que vivir para la política, no vivir de la política”.

Hasta aquí, con todo lo que hemos expuesto, podemos concluir que: “No es necesario someter la política a lo político para llegar al poder o mantenerse en él”. Porque la política no es un negocio para ganar dinero y enriquecerse de la noche a la mañana como muchos políticos lo han hecho sin ningún escrúpulo; sino más bien, es una vocación de servicio hacia el pueblo. Por eso, Simón Bolívar escribió en unas de sus cartas: “(…) el que quiera ser gobernante debe ser filántropo. Es decir, que debe amar a la humanidad, empezando por sus semejantes, los hombres a quienes gobierna”.



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