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6 de septiembre de 2019, 4:00 AM
6 de septiembre de 2019, 4:00 AM

Me es particularmente difícil comenzar a escribir estas líneas. Lo es porque hablar de la niñez nos obliga a volver a nuestra infancia, a recordar nuestras raíces y sobre todo a honrar nuestras promesas más puras. Como el poeta Hölderlin dijo: “Y que así, el hombre mantenga lo que de niño prometió”. Justamente mantener esas promesas de absoluta inocencia y libres de todo prejuicio y odio, es buscar en nosotros la respuesta sobre la verdadera naturaleza del ser humano.

Naturaleza que es esencialmente pura y noble, pero que lamentablemente es deteriorada por un medio agresivo, vacío de valores y, sobre todo, por la falta de responsabilidad de los adultos, quienes “minorizamos” a la niñez tratándolos como incapaces; llegando incluso a desconocer que tienen el sagrado derecho a la vida porque son un “accesorio” o un “hecho accidental” de las decisiones de los adultos. Justamente la frase “no seas un niño” es la muestra exacta de esta cultura adultocéntrica. Como si ser niño implicara irracionalidad o deficiencia.

Muy al contrario, los niños son filósofos naturales que cuestionan y redescubren significados por la grandeza de su espíritu y la insondable curiosidad que los caracteriza. Son leales compañeros, que disfrutan un simple abrazo y el afecto más pequeño para convertirlo en un tsunami de amor. Pero, sobre todo, son el eco de nuestras propias actitudes, ya que si les sonreímos ellos nos devolverán una sonrisa más humana y pura, y si los educamos con amor y paciencia conoceremos una versión más auténtica y libre de nosotros mismos.

Solo así podremos forjar una nueva sociedad. Por estas razones esenciales, nuestro Gobierno en los últimos años ha realizado diversos esfuerzos para dignificar la vida de la niñez en Bolivia.

Por ejemplo, y por primera vez en la historia, hemos constitucionalizado los derechos de la niñez y adolescencia en una sección especial, reconociendo que es titular de varios derechos inherentes a su proceso de desarrollo que se articulan en torno al principio esencial del ‘interés superior del niño’, basado en la dignidad de todo ser humano. Derechos que reflejan la normativa internacional y poseen aplicación preferente en el orden interno, conforme a los artículos 13, 256 y 410 de nuestra Constitución.

Asimismo, con la promulgación del Código Niña, Niño y Adolescente se ha desarrollado este amplio catálogo de derechos que se aplican bajo 11 principios rectores que guían y orientan el accionar de los servidores públicos, familias y sociedad en general.

Asimismo, esta norma crea el Sistema Plurinacional Integral de la Niña, Niño y Adolescente, como conjunto articulado de instancias que operan intersectorialmente tanto desde el sector público como privado. Entre los resultados efectivos de estas nuevas normas y planes de implementación se destaca el aumento del 7,1% (2005) al 13,6% (2015) en el Presupuesto General del Estado, es decir la mejora sustancial del presupuesto destinado a la niñez y adolescencia. Lo que se refleja en el mejoramiento de la educación, salud y condiciones de vida; acceso a tecnología e internet; implementación de bonos como el Juancito Pinto y Juana Azurduy, aumento de infraestructura en deportes y campeonatos a escala nacional; mejoramiento del desayuno escolar y sistemas de protección; primer certificado de nacimiento gratuito, etc.

Asimismo, desde el Ministerio de Justicia se implementa la campaña nacional Yo por la Niñez que ha permitido: la generación de alianzas estratégicas con empresas públicas y organizaciones internacionales, la creación del Registro Único de Abogados para la defensa de la niñez, víctima de violencia y normas para garantizar la inamovilidad laboral de padres y tutores que tengan hijos en estado crítico de salud.

Recientemente, destaca la aprobación de la ley que reduce los tiempos y trámites para la adopción a fin de restituir el derecho humano a tener una familia y la Ley 1173 de fortalecimiento a la lucha contra la violencia hacia la niñez, adolescencia y mujeres que introduce varias innovaciones para priorizar su protección y defensa.

Muy a pesar de todo ello, debemos reconocer que aún queda mucho por hacer y así lo seguiremos haciendo. Nuestro objetivo supremo es luchar y en lo posible eliminar todas las formas de violencia contra la niñez, bajo la premisa de que toda violencia es inaceptable, pero la peor de todas es aquella que se ejerce contra una niña o un niño, ellos no tienen cómo defenderse pues sus fuerzas físicas son inferiores e ínfimas, en la mayoría de los casos, no tienen cómo denunciar las agresiones, no tienen có- mo organizarse para defenderse, en definitiva, ni siquiera pueden entender lo que pasa y por qué tienen ese sufrimiento. Por ello también la nación boliviana debe hacer un gran pacto, una gran promesa para la niñez

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