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15 de octubre de 2017, 4:00 AM
15 de octubre de 2017, 4:00 AM

El mundo actual es complicado y riesgoso. Estamos viviendo “en un Titanic planetario” (Edgar Morin), donde la sociedad contemporánea cada vez tiene más “sed de ética”. Hoy por hoy uno de sus instrumentos se encarna en la llamada ‘Responsabilidad Social’ (RS). Esta no es apenas sinónimo de filantropía. Se basa más bien en acciones permanentes que tengan impacto en la sociedad. En otras palabras es el modo de comprender una ética diferente de lo tradicional.

Un error es considerar a la RS en su forma ideológica. La corriente de izquierda la puede acusar de servir a un neoliberalismo empresarial disfrazado para lavar su imagen, mientras que la derecha la puede calificar como la picardía de sindicatos o de alguna ONG para derrocar a la sociedad capitalista. Ambas acepciones niegan su aspecto más valioso: ser un intento de promoción de diálogo y consensos entre todas las partes interesadas en el campo social (François Vallaeys, 2016). 

Las RS universitaria, a diferencia de las empresas, genera otras acciones, relacionadas con el conocimiento. La primera de ellas guarda relación de su organización con el medioambiente (huella ecológica). La segunda tiene que ver con el impacto educativo que influye y orienta la deontología profesional. Tercero, al ser generadora del saber, dota a los estudiantes de las competencias adecuadas para diagnosticar los hechos negativos en su entorno y encontrar las soluciones innovadoras necesarias. Por último, en lo social la universidad determina un impacto importante porque puede crear una ´ciudadanía activa´ en el desarrollo de la humanidad.

La Responsabilidad Social Universitaria es una política de mejora continua de las funciones universitarias inherentes a su misión en la sociedad, coadyuvando en la consecución de los 17 desafíos del desarrollo sostenible. Además, la RSU aglutina a los cuatro procesos universitarios básicos (gestión, formación, investigación y extensión) con las demandas científicas, profesionales y educativas que atienden a las necesidades básicas y tecnológicas. 

La RSU como parte indisoluble del sistema universitario, debe desempeñar otra función importante, hacer de bisagra entre lo público y privado (sociedad civil organizada y empresarios) en un mundo donde se siente el ´hartazgo´ popular a las instituciones y partidos políticos. En consecuencia, en vez de menoscabar y reducir al sistema universitario, más bien se lo debería fortalecer, como palanca del desarrollo social. 

En la visita de Vallaeys a la Unifranz durante el V Congreso de RSU (2016), decía que la academia debe seguir tres procesos claves para lograr que el egresado sea socialmente responsable: 1) Dictar cursos fundados en proyectos sociales; 2) Promover investigaciones para conocer los impactos negativos de la comunidad; 3) Redefinir la extensión solidaria en términos de construcción de comunidades de aprendizaje mutuo y apoyar en la mejora continua de las políticas públicas locales. 

Concluyendo, la Responsabilidad Social Universitaria debe ser continua y en alianza, porque la sociedad no soy yo, ni vos, pero vos y yo hacemos sociedad juntos.  

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