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La revolución de los sepes

Huáscar Bustillos Cayoja 30/10/2019 03:00

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Desde el 20 de octubre de 2019 Bo­livia vive una crisis política, econó­mica e ideológica debido a que una filosa y azulada daga a manera de megafraude electoral, ha herido con premeditacion alevosía y ven­taja al último de los derechos que tenemos los bolivianos, nuestra democracia. 

El clamor no se hizo esperar y de ese gran hormiguero urbano ubicado a los pies del Cristo Redentor se autoconvocaron mi­les de personas con multicolores banderas en la espalda, pequeñas hormigas organizadas que con su potente voz hacen retumbar el cie­lo más puro de América. 

Son sepes con las patitas aún llenas de ceniza chiquitana y guardan en su cora­zón el anhelo de una Bolivia mejor en donde la democracia, justicia y libertad vayan juntas. Pero hoy es tiempo de resistencia y se ha para­lizado el flujo de todas las ciudades por más de siete días en un épico paro cívico nacional. Esta medida, hasta el momento pacífica, tiene como único objetivo recuperar el destino robado de las garras de una dictadura envolvente. 

El futuro de nuestra patria, de mi hogar, de sus ecosistemas y biodiversidad hoy más que nun­ca se hallan en peligro inminente y los fuegos que calcinaron Otu­quis, Tucabaca y Ñembi Guazu provocando la muerte y agonía de millones de organismos, pueden volver a encenderse, la resiliencia ecológica aún pelea por regenerar lo devastado y esta es una batalla que no vamos a perder. Los sepes (Acromyrmex spp) en la natura­leza son hormigas que regulan y aprovechan de los recursos del bosque, laboriosas, diligentes y sobre todo sincronizados, pue­den acabar fácilmente con ara­ñas, escorpiones y cucarachas y si muere uno en la contienda, otro toma su lugar debido a que son millones. 

Bolivia entera se ha alzado en son de resistencia, toda una co­munidad de sepes ciudadanos y rurales que habitan la Chiquita­nia, la Guarania, la Moxitania, al­turas, salares y chullpares donde el sol tiñe los cielos de naranja, se movilizan y organizan al ritmo de las pulsaciones de nuestra bo­livianidad, gritando al unísono: “Morir antes que esclavos vivir”. 

Nuestros sepes conocen mu­chas técnicas de convencimien­to, pueden bloquear, restringir, marchar, aglutinar, cercar, pero sobre todo convocar usando sus antenas digitales con un solo fin, prevalecer. Estas nuevas generaciones de sepes, bulliciosos y joviales, han comprendido lo que algu­nos no han podido, un secreto oculto, que se halla grabado en la moneda más sencilla de nuestro bolsillo cardiaco: “La unión es la fuerza”. Realmente siento mucha pena del tirano que ose en­frentarse a este maremoto humano, a millares de sepes listos para contener a la bota militar, el palo cocalero o al insulto intercultural y con un pacífico movimiento, triturar los huesos del opresor yugo azul.

En la historia de Bolivia han existido muchas revolu­ciones y en todas ellas siempre gana el pueblo, pero ahora hay una gran diferencia y es que estos sepes revolucionarios han comprendido mediante ‘End Game’ lo que significa Bolivianos unidos.