Escucha esta nota aquí

Que en las decisiones del Gobierno pese más el bien de la ciudadanía que el interés político cuando se trata de encarar el feroz rebrote del coronavirus. En teoría, Santa Cruz está en mejores condiciones sanitarias para atender a los pacientes, porque tiene más camas de terapia intensiva, más pruebas y la experiencia adquirida en una terrible primera ola, que dejó miles de fallecidos. Sin embargo, lo que faltan son recursos humanos: personal de salud que se ponga en la primera línea para sostener la caída de los enfermos.

Los datos son alarmantes. En el mes de diciembre se han registrado más de 4.000 nuevos casos de coronavirus, confirmados con pruebas clínicas. De acuerdo a parámetros ya conocidos, los que manifiestan síntomas son apenas una fracción del total de portadores del virus, muchos de los cuales son asintomáticos y contagian sin darse cuenta. El desborde de la sociedad ha hecho que la infección se propague de manera descontrolada. Y eso ha causado que haya una ocupación del 90% de los hospitales, eso significa que estamos muy cerca de lo ocurrido en los meses de junio y julio cuando no había espacio para internar a los pacientes y muchos morían en sus casas porque no había capacidad para que sean atendidos.

El Gobierno de Jeanine Áñez utilizó recursos provenientes de créditos para la contratación de personal de salud que sea capaz de atender los casos de Covid-19, pero estos tienen fecha de vencimiento que es el 31 de diciembre, lo que pone a Santa Cruz ante la contingencia de tener condiciones materiales, pero sin los recursos humanos necesarios para efectivizar su uso.

El Servicio Departamental de Salud ha pedido alrededor de 1.500 ítems que se necesitan con urgencia para los tres niveles.

En cambio, para el Gobierno nacional prevalece la desconfianza y prefiere mandar a sus expertos del Ministerio de Salud para supervisar si realmente se necesita esa cantidad de contratos, lo que tomará un tiempo que no responde a la emergencia que se vive. Esa decisión podría ser coherente si el celo se aplicara a todo nivel. No obstante, se sabe que los recursos asignados a gastos corrientes del aparato público han tenido un leve ascenso con relación a lo presupuestado el año pasado y que se ha pedido un crédito al Banco Central de Bolivia para las empresas del Estado.

A lo anterior se suma la campaña electoral que puede distorsionar la lucha contra el coronavirus. No solo no se están disponiendo las medidas de bioseguridad que se necesita en este momento, sino que comenzará la crítica sorda del Gobierno nacional a la alcaldía o a la gobernación y viceversa, ocasionando que el afán de prevalecer cuente más que el sentido común y la responsabilidad con el momento que se vive.

De acuerdo a las previsiones del Coed y del mismo Ministerio de Salud, el rebrote ya es una realidad en Santa Cruz y se anticipa que entre enero y febrero se llegará a lo peor de la pandemia. No es prudente que la burocracia y la desconfianza demoren las acciones que deben ser urgentes. Se trata de salvar vidas humanas y esa misión no tolera diferencias partidarias.

El presidente está llamado a mantenerse al margen de las consideraciones partidarias e ideológicas y a actuar con la responsabilidad que le da su investidura. Los bolivianos dependen de las decisiones que tome, las cuales no admiten error.

Comentarios