El Deber logo
5 de marzo de 2017, 4:00 AM
5 de marzo de 2017, 4:00 AM

Con la sinceridad que imprime a su vida en todos los momentos, Macacha, mi corresponsal ante el palacio real de la plaza Murillo, me dijo: “Las hilachas de mis zapatos son el testimonio de que bailamos en Carnaval hasta que las velas no ardieran, para luego ingresar a la Cuaresma y arreglar mis cuentas con nuestro Dios, que no es la Pachamama, sino nuestro Señor Jesucristo”. Tan espontáneas palabras hicieron que pusiera mis ojos en el color de la blusa que vestía ella y que no era otro que el morado que prescribe la liturgia a partir del Miércoles de Ceniza.

Como solo las palabras bastan, acudimos al templo de Obrajes, en La Paz, para recordar que todas las fastuosidades y vanidades deben cesar por 40 días. Durante el trayecto al templo le recordé a la cholita que en épocas antiguas los pecadores públicos no solo se hacían marcar con ceniza la frente, sino toda la cabeza, algo que nos vendría bien. Mi discípula sonrió ante esa posibilidad algo remota, porque nuestro arrepentimiento es sincero. Sin embargo, el Diablo nunca duerme y nació gracias a su influencia el sábado y el domingo de tentación para las personas de convicciones algo laxas, lo cual asustó a la valiente cochabambina. 

En nuestra conversación destinada a ser edificante salió de improviso la figura del Diablo tentador. Al hablar de este siniestro personaje mi discípula me pidió que le relatara mis contactos con él. Al pedido de ella le conté que cada año Satanás me visita en la soledad de mi despacho periodístico, lo cual asustó a mi comadre, que me pidió que le contara sobre mi entrevista última con él, a lo que accedí. Mientras me encontraba meditando sobre los misterios de la vida espiritual, el maligno apareció intentando reclutarme entre sus adoradores, a lo que me negué y en vista de que el tentador insistió para alistarme en sus filas, tuve que acudir a una garrafa de agua bendita que escondía bajo mi escritorio, logrando que el Diablo huyera, no sin antes amenazarme con que volvería y me perseguiría todos los días de mi vida. Macacha quedó impresionada con lo acontecido y confirmó su seguridad de que el Diablo permanece entre nosotros tratando de conquistar nuestras almas 

Tags