Escucha esta nota aquí


Ya no hace falta esperar lo que se preveía y temía: la tercera ola del covid-19 ha llegado al país, como algo que era previsible y como consecuencia del relajamiento de los ciudadanos en los cuidados de bioseguridad, las reuniones principalmente festivas y la mayor circulación de las personas sin barbijo en el transporte, los mercados y las calles.

La cifra de contagios en Santa Cruz se ha elevado en esta semana a 839 por día, muy cerca del pico más alto de toda la pandemia, que se produjo en enero con algo más de 1.000 casos diarios.

Las autoridades departamentales de salud estiman que en las próximas dos a cuatro semanas se llegará al pico de la tercera ola del virus, y observan que si el efecto no fue mayor hasta ahora es porque la aplicación de la vacuna ha favorecido a las poblaciones de mayor edad y de los sectores de riesgo.

Aun así, las cifras bolivianas del coronavirus en las dos primeras semanas de mayo son preocupantes: en el país se registran aproximadamente 2.400 casos por día, de los cuales la tercera parte está en Santa Cruz. En esta misma región, hay 700 pacientes internados y los casos activos superan los 7.800, esto es, personas que tienen la enfermedad, pero no están hospitalizadas. Las muertes por la pandemia alcanzan a 1.172 personas en los primeros cuatro meses en el departamento.

La proporción de contagios se duplicó en las últimas tres semanas, mientras el índice de positividad pasó de 9 por ciento en abril a 17 por ciento en mayo.

Las terapias intensivas en Santa Cruz han vuelto a tener un alto índice de ocupación y hay días, dice el gerente de Epidemiologia del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Carlos Hurtado, que no quedan espacios en las UTI; mientras que, de manera permanente, las unidades de cuidados intermedios están con el 80 por ciento de ocupación; mientras el 70 por ciento de los espacios de los centros de primer nivel están llenos.

Las cifras de decesos se han contenido como efecto de la vacunación de las personas de la tercera edad. Entre enero y abril de este año se produjeron 1.172 decesos por covid-19, en tanto que el año pasado hubo 4.486 muertos entre marzo y diciembre.

Otras regiones del país tienen deficiencias en la provisión de insumos para el tratamiento del coronavirus, como el caso de Beni, donde la falta de oxígeno medicinal y de otros insumos médicos para pacientes ha hecho sonar las alarmas de las autoridades de salud de ese departamento.

Responsables del Sedes beniano tuvieron que viajar a La Paz para canalizar recursos económicos que permitan hacer frente a la emergencia.

Cada región tiene su particularidad en el manejo de la pandemia, pero lo que resulta común a todos es que la ola que se aproxima elevará las estadísticas de contagio y bajas a picos similares a los de julio de 2020 y enero de 2021, considerados los momentos más críticos de la primera y segunda ola, respectivamente.

Lo que hace difícil la contención de los nuevos casos es la actitud de los ciudadanos que, por cansancio o irresponsabilidad, han aflojado drásticamente las medidas de bioseguridad y de cuidados. Se entiende que las necesidades laborales empujan a muchos a exponerse al contagio durante las horas de trabajo, pero lo que resulta incomprensible es el descuido consciente de muchas personas que, pese a la emergencia, se arriesgan y exponen a los demás a adquirir el virus en actividades sociales, juntes y fiestas que podrían esperar un poco.

Comentarios