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EDITORIAL

La última semana de un raro proceso electoral

Editorial El Deber 14/10/2019 03:00

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Hoy comienza la semana más decisiva para Bolivia después de los últimos 14 años. Los cabildos demostraron que hay un final de ciclo; que hay un hartazgo de la forma de gobernar el país, que se refleja en rechazo a la corrupción, a la cooptación de poderes por parte del Ejecutivo nacional, a la actuación unidireccional del Gobierno y también a la pasividad de la oposición, que durante el último quinquenio ha sido más crítica y reactiva que propositiva.

Fruto de lo anterior está el escenario nacional actual. El descontento se ha expresado en tres cabildos multitudinarios, realizados en las tres ciudades más importantes del país. El Gobierno ha sido interpelado y reconoce los problemas en Santa Cruz, pero no los que se plantearon en La Paz y Cochabamba. Asimismo, hay un paro cívico en Potosí y otro cabildo que se realizará la siguiente semana en Tarija. Los expertos en opinión pública creen que estas masivas concentraciones y el problema de los incendios en los bosques cruceños tendrán impacto en la decisión del voto de los bolivianos.

El proceso electoral fue inusual y accidentado. Primero hubo problemas en el Órgano Electoral con más de 50 renuncias de funcionarios y tres vocales que desistieron de seguir administrando los comicios. La atención ciudadana estaba más enfocada en la transparencia que en las propuestas electorales. Después, hace tres meses, las llamas de los incendios devoraron todas las iniciativas de los candidatos y el foco giró a la defensa de los recursos naturales, la búsqueda de culpables y el clamor porque se declare desastre nacional.

Países vecinos, como Argentina y Uruguay, también encaran procesos electorales. La diferencia es que allá existe la posibilidad legal de que los electores puedan ver a los candidatos en debates formales, como ocurría antes en Bolivia. Ahora, en nuestro país, la confrontación de propuestas de gobierno es casi una utopía, ya que desde el año 2002 no se ha podido ver juntos a los aspirantes a la Presidencia.

Esta campaña ha sido más de guerra sucia y de agresiones que de propuestas. Es probable que la ciudadanía sepa más de cómo se defendieron los candidatos que de lo que plantean para conducir el país. Enfrente, el Órgano Electoral fue incapaz de juzgar las transgresiones a la Ley Electoral por parte de los candidatos, ya que los vocales anduvieron más ocupados en protegerse a sí mismos defendiendo sus propias contradicciones.

En esta última etapa, el horizonte no se aclara. El cabildo de La Paz pidió la renuncia de los vocales electorales y el de Santa Cruz no los convocó a ser observadores, en ambos casos por la falta de fe ciudadana en este organismo de la democracia. El rumor de un fraude sobrevuela los aprestos para asistir a las urnas.

El daño causado a los bosques por los incendios queda como una herida abierta para la ciudadanía. Se apunta a los colonos de los nuevos asentamientos, a los agropecuarios y también al Gobierno porque la gente y los expertos creen que el afán por ampliar la frontera agrícola fue el detonante del problema. Entretanto, los planes de restauración no están del todo claros y probablemente el tema se diluya después de los comicios.

Se puede decir que esta ha sido una de las campañas electorales más superficiales de la historia. Prueba de ello es la emergencia de un candidato outsider que irrumpe en la escena por sus declaraciones grandilocuentes y polémicas, pero que no tiene fondo sólido en su plan para gobernar.

Así las cosas, quedan pocas horas de campaña. Ya no se pueden difundir encuestas y el miércoles termina el ruidoso afán de pedir el voto de los candidatos. A partir del jueves quedará la reflexión, la organización para hacer control del sufragio en los recintos electorales y los resultados de una justa que cambiará el país y que amerita mucha consciencia y capacidad de análisis de parte de la ciudadanía.