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2 de diciembre de 2018, 4:00 AM
2 de diciembre de 2018, 4:00 AM

Cuando se cree que todo intento ha sido en vano, se habrán cerrado las puertas; pero siempre quedará una ventana abierta, puede ser en el pensamiento, acaso en el fondo de un bosque, también podría ser en la copa de un árbol, la esencia del ser, el nido del cual hemos sido engendrados, los humanos tenemos el gran privilegio de volar sin ser pájaros, nadar sin ser peces, correr como galgos, competir como caballos, hacer piruetas en el aire como si fuésemos mariposas fosforescentes, con tantos recursos no podemos decir que hemos terminado, que toda posibilidad está lejana y que no llegará el día, porque todo se ha oscurecido de repente.

La vida es buscar aquella ventana abierta, la vida es adornar aquella visión con enredaderas que sigan ascendiendo como los sueños. La utopía no persigue lo imposible, la utopía es continuar soñando, aunque para ello haya que demorar mil años. Lo que abunda es la eternidad. Siempre hay tiempo para llenar los balcones de gente y observar el infinito como si fuese el aniversario de una gran victoria.

Haber nacido y existir a pesar de todo, habitando como si cada día fuese un preciado regalo, es una mágica esperanza, el triunfo del ser humano es ser parte de la creación y creer en la vida, estar presente en el oxígeno de las plantas, estar suspirando cuando la luz de una estrella ha titilado muchas veces, ser uno mismo y caminar mirando el horizonte y alcanzarlo por haber luchado sin bajar los brazos.

La vida es para la gente valiente, la gente que ama y se ilusiona con la salida del sol, la que con una taza de café en la mano hace planes para el día siguiente, la vida es para los que saben perdonar y, sobre todo, perdonarse a sí mismos.

El final será como una partida de ajedrez, luego las piezas volverán a su lugar y si alguien se atreve, tratará de empezar de nuevo.

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