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Aciagos momentos se encuentra hoy atravesando el sistema democrático en Bolivia; y es que ya lo había dicho el papa Juan Pablo II, que “La Democracia necesita de la virtud si no quiere ir en contra de todo lo que pretende defender”.

¿Y cuál es pues esa virtud requerida por la Democracia para que ésta resulte eficaz, y no hubiésemos tenido que llegar al punto actual de división y desgarramiento social entre bolivianos?. Por sobre todo comprender que no basta solo con ganar elecciones, para luego imponer decisiones contra viento y marea, llegando incluso a apostar en pos de ello, el presente y futuro del país.

Tener luego en claro que, en democracia, la soberanía no reside en la mayoría circunstancial que ocupa temporalmente el gobierno, sino que la soberanía reside en todo el pueblo, lo cual abarca y comprende también a la oposición. Esta premisa es tan evidente que la tenemos consagrada en el Artículo 7 de nuestra Constitución.

Sabiendo esto, recién entonces es posible comprender a Nelson Mandela cuando afirmaba que “La democracia exige respetar los derechos políticos de las minorías”, los cuales básicamente consisten en el derecho al reconocimiento de su existencia, y a ser respetados como tales y no así humillados ni perseguidos por sus expresiones de disenso y oposición, derecho a influir sobre la adopción de políticas públicas y las Leyes que éstas implican, derecho a controlar el ejercicio del poder, y finalmente derecho a tener las oportunidades de poder transformarse en mayoría y alternar en el ejercicio de la función de gobierno, para cuyo caso estos mismos derechos le deberán ser también reconocidos a la nueva oposición.

El compromiso con los valores democráticos tales como la responsabilidad, la libertad, el pluralismo, la tolerancia, la igualdad, el respeto, la participación, la justicia, y la legalidad, entre otros; resultan indispensables para un gobierno de la Democracia, y de igual modo también el compromiso con los principios ético-morales indígenas del suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa) teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal), y qhapaj ñan (camino o vida noble); importantísimos valores y principios que hoy por hoy, se encuentran completamente ausentes en nuestra cruda realidad nacional.

Sin duda alguna el espíritu indómito y noble del pueblo boliviano, demandará a sus clases dirigentes la reconducción de los liderazgos de manera que la virtud de la Democracia, pueda ser verdaderamente ejercida para el bien de la Patria y su heredad.

José María Cabrera es Abogado y ExProcurador del Estado

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