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La voz de Bolivia en el mundo

Editorial El Deber 15/12/2019 03:00

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Lejos de lo que ocurre dentro del territorio nacional, hay una competencia de relatos acerca de lo que pasa en el país. Por un lado, Evo Morales que insiste en que fue víctima de un golpe de Estado y, por otro, la nueva estrategia del Gobierno para decirle al mundo que en Bolivia hubo una renuncia del expresidente, que fue seguida de una sucesión constitucional que permitió que Jeanine Áñez sea presidenta en este momento.

Es precisamente esta estrategia la que permitió que el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) conozca detalles de cómo se produjo la manipulación de los votos en las elecciones del 20 de octubre, con la presencia de peritos que participaron en la auditoría. Además, la estrategia de comunicación del Gobierno de Bolivia dio un giro importante diversificando las voces que hablen a nombre de este país.

En la sesión realizada el jueves en Washington, además de los representantes oficiales del Gobierno de Jeanine Áñez, también se escucharon dos testimonios ciudadanos diferentes, la de la joven activista Jhanisse Daza, de 24 años, y la de Gualberto Cusi, abogado de origen indígena y exmagistrado en el Poder Judicial.

Jhanisse Daza explicó la movilización ciudadana, que fue pacífica y que comenzó demandando segunda vuelta electoral primero, anulación de las elecciones después y, finalmente, la renuncia de Evo Morales.

Ella, además, explicó cómo se violaron los derechos humanos en Bolivia desde el momento en que se aprobaba la Constitución Política del Estado y después durante gran parte del periodo del anterior Gobierno. Con voz firme, interpeló a los embajadores presentes para decirles que nunca se manifestaron cuando en el país se denunciaba a escala internacional la conducta gubernamental de Morales.

A su vez, Cusi expuso su propia historia, cómo fue expulsado del Poder Judicial cuando se opuso a ser obsecuente con el poder central y cuando le destrozaron la vida divulgando públicamente su estado de salud.

Esas voces resonaron con firmeza en la OEA y mostraron algo que no se había mostrado en los últimos 14 años, en los que voceros del Gobierno monopolizaban el relato hablando de un presidente indígena que era y seguía siendo víctima de discriminación.

Es bueno que el mundo conozca la diversidad de voces y de experiencias ciudadanas durante y después del Gobierno de Evo Morales. El expresidente Jorge Quiroga Ramírez y el embajador de Bolivia ante la OEA, Jaime Aparicio, hicieron bien al dar un giro a la estrategia porque en este país ocurrieron hechos que el mundo debe conocer, a fin de que las conclusiones sobre la situación política nacional no esté sesgada por la exposición de una sola versión.

La CIDH tiene hace muchos meses un pedido de Bolivia: que esclarezca si la reelección indefinida es un derecho humano, como argumentó el Tribunal Constitucional Plurinacional (afín al MAS), lo que le dio margen a Evo Morales para pretender eternizarse en el poder. Es esa la misión que le toca en este momento a Jorge Quiroga, que es el vocero de Bolivia en el mundo.

La mayoría de los bolivianos sabe que ese fallo fue una artimaña del expresidente para permanecer en el Gobierno y castigó esa decisión con el voto, primero, y después con la movilización ciudadana que determinó la renuncia del exmandatario. No obstante, la comunidad internacional debe saberlo también, porque cuando así sea, ese se convertirá en un precedente fundamental para que ningún otro jefe de Estado pretenda seguir ese camino deteriorando los valores democráticos que la OEA y los países miembros dicen defender.

Entretanto, Jhanisse Daza y Gualberto Cusi son la muestra de que en Bolivia hay una diversidad de voces que están dispuestas a contar su propia verdad y que valen tanto con las de quienes defienden a ultranza a Evo Morales.