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OPINIÓN

Lágrimas de dolor, lágrimas de cocodrilo

Juan Cristóbal Soruco 31/7/2020 12:16

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La muerte del Dr. Oscar Urenda, secretario de Salud y Políticas Sociales de la Gobernación de Santa Cruz, ha generado una red de solidaridad y respeto en todo el país y ni qué decir en su tierra natal.

Es que, por un lado, Urenda ha muerto en el cumplimiento de su deber y, por el otro, fue una autoridad regional que enfrentó la pandemia del coronavirus con racionalidad y utilizando con transparencia y eficiencia los medios, siempre escasos, a su alcance. Asumió, pues, a plenitud la esencia del servidor público. Así, va convirtiendo en ejemplo a emular, en un tiempo en el que parecería que el todo vale pretende seguir imponiéndose.

Además, la consecuencia con la que actuó como secretario de Salud de la Gobernación cruceña, claramente percibida por su población, hizo que sus rivales políticos también deban arriar sus banderas y difundir que se sumaban al dolor que se expresa en todos los ámbitos de ese departamento.

En otra dimensión y felizmente sin el dolor que provoca la muerte, se debe destacar el respeto que se ganó el ex ministro de Economía y Finanzas Públicas José Luis Parada, que fue un dignatario transparente y mostró elevados niveles de eficiencia. Esta actitud permitió generar confianza dentro y fuera del país, aspecto fundamental para el manejo de la economía del país en circunstancias tan difíciles como las que estamos atravesando.

No hay que olvidar que Parada provino de la Gobernación de Santa Cruz, donde se desempeñó, desde 2005 y hasta que fue nombrado ministro de Economía, como secretario de Economía y Hacienda y luego asesor general.

Que ambas personalidades provengan de la Gobernación cruceña me explica por qué el Gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, mantiene elevados niveles de aceptación, pese a los furibundos ataques que varios sectores de poder de ese departamento y, particularmente de su ciudad capital, profieren en su contra.

Obviamente, al no vivir en esta región no es posible evaluar el funcionamiento rutinario de la Gobernación. Pero, hay dos factores que llaman la atención de cualquier observador y que inducen a sostener que Costas tiene un consolidado liderazgo.

Uno, como alguna vez he mencionado, es el valor que tuvo para enfrentar el asedio a Santa Cruz por parte del Gobierno del MAS que buscaba resolver el ejercicio del poder en ese departamento por la violencia, al estilo de Pando y, con menor intensidad, en Cochabamba. Costas puso en riesgo su propio liderato para evitar violencia y muerte en su región, lo logró y fue, en varios momentos de los 14 años de gestión masista, el principal soporte en contra del proyecto autoritario del MAS.

El otro factor es que, viendo la trayectoria de Urenda y Parada, y de otros profesionales de la Gobernación, se puede afirmar que el gobernador Costas se rodeó de colaboradores de primer nivel, sin temor a ser opacado en su liderato, como sucede recurrentemente en el país.

Para evitar malinterpretaciones quiero aclarar que no he conocido a Urenda ni conozco a Parada, y con el gobernador Costas sólo nos hemos encontrado algunas veces por mi oficio de periodista.

Pero, eso no me impide reconocer las virtudes señaladas y, como me sucede con el municipio paceño, envidiar sanamente a esas instituciones y tener la esperanza de que pasados estos turbulentos años podamos encontrar la capacidad de hacer funcionar correctamente las instituciones y crear líderes que estén más preocupados de las acciones que pretenden ejecutar en favor de la población que de cuidar su imagen.

Obviamente, las diferencias siempre son necesarias, como la alternancia en el ejercicio del poder. Pero el desafío es que podamos crear un espacio de sana confrontación de ideas y propuestas de gobierno, reconociendo lo que se hace bien y proponiendo cómo corregir lo que se hace mal.