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Lamentable discurso en la OEA

Marcelo Ostria Trigo 6/10/2020 05:00

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Sorprende y duele ver cómo le está yendo a Argentina. Un país que fue pujante, y que ahora se debate en una aguda crisis generalizada por obra del populismo. No solo le va mal en su propio territorio, sino que hay actitudes deplorables en sus relaciones bilaterales y ahora en un organismo internacional.

A su embajador, representante ante la OEA, Carlos Raimundi, se le ocurrió, en una sesión del Consejo Permanente atacar duramente el informe del Alto Comisionado de DDHH de las Naciones Unidas que denunció la constante y brutal violación de los derechos humanos que comete la dictadura venezolana de Nicolás Maduro.

Raimundi expresó: “Venezuela ha sufrido un fuerte asedio de intervencionismo”; ciertamente una velada acusación a EEUU y a otros que rechazan el populismo. Es más: dijo que hubo amenazas de intervención, operativos y cortes de energía a las centrales que han generado serias violaciones a los DDHH. Para él, la culpa de las desgracias de Venezuela es de otros y no de la tiranía chavista. Ese lenguaje, muchas veces grandilocuente, es el distintivo de populistas ciegos ante la verdad incontrastable: En Venezuela se violan los DDHH, y la corrupción y la ineficiencia del chavismo son alarmantes.

La demasía del novel embajador tuvo sonados efectos. En primer término, las expresiones de Raimundi “fueron repudiadas por la oposición y provocaron el enojo del presidente (Infobae)”. Y, luego, lo insólito: Raimundi, simplemente “modificó su postura, y ahora dice que no se pueden desconocer las violaciones a los DDHH en Venezuela”. Y aquí no ha pasado nada, según le parece.

Hay una explicación a lo anterior: Pese al desagrado del presidente Fernández, la actitud de su representante en la OEA, de alguna forma es similar a las acciones intervencionistas del mandatario cuando se trata de proteger e incitar al refugiado Evo Morales. Como si fuera normal y aceptable, al mandatario argentino también se le ha dado por formular declaraciones sectarias en favor del refugiado y despotricar contra el Gobierno boliviano, lo que viola el principio universalmente aceptado de no intervención. Esta conducta no tiene diferencias con la reciente exposición de su embajador en la OEA.

Si un gobierno no es representado por uno de sus representantes diplomáticos, inmediatamente este es retirado. Eso no se produjo en este caso, ni se producirá mientras prevalezca la injerencia populista.

Mientras tanto, queda el empeño intervencionista de los Fernández en su vecina: nuestra Bolivia.