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Las realidades sociales no dependen ni de los discursos ni de la voluntad de los gobernantes. La migración es uno de ellos.
Estamos paralogizados por la información que nos ofrece la proyección poblacional en el territorio, y el cambio de una matriz de características rurales por otra de naturaleza urbana.

La teoría y la práctica demuestran la necesidad de comprender ambas realidades por los elementos que interactúan y se complementan. Ni viviremos todos en ciudades ni será posible prescindir de la categoría rural. Esta afirmación de Perogrullo no lo es un Estado que hace profesión de fe de lo originario indígena campesino cuando la realidad muestra que la composición de su población urbana en este momento ya es del 75% y estamos en camino, en el censo del año 2032, a subir el porcentaje al 90%.

También es necesario reconocer que el cambio de conducta y de vida que genera la migración no se trata de un acto mecánico; las investigaciones tratan de explicar los modos organizativos que adquiere una población migrante que vive entre dos realidades, tratando de reproducir, trasladar o salvar los elementos que considera fundamentales a su identidad. Ello está llevando a explorar categorías como la “indigenización de las ciudades” o la existencia de “indígenas urbanos”, para visibilizar una población que sufre las consecuencias de esta realidad universal. Otra vez, el acto físico de cambiar de residencia no genera automáticamente la comprensión del fenómeno ni el asumir las pautas de comportamiento colectivo que entraña esa realidad.

Siendo ciertas todas las reflexiones, el debate sobre el respeto a la diversidad abre otras muchísimas preguntas a partir de los datos objetivos. Son preguntas obvias cuyas respuestas no son tan sencillas como parecen.

¿Es la administración del territorio y de los recursos que le son dependientes, iguales en el campo y la ciudad? ¿Son posibles de trasladar los modos de producción rurales a la vida cotidiana urbana? ¿Se comprenden objetivamente las razones de la migración y sus consecuencias?

¿Están preparadas las sociedades receptoras a cumplir una condición imprescindible de responsabilidad y de solidaridad con los migrantes, sin actitudes simplemente caritativas o xenófobas?
Otra evidencia salta para aumentar la intranquilidad; el debate y comprensión de la realidad es mucho más lenta que la evolución del fenómeno. Mientras estamos tratando de entender y explicar causas y razones, el hecho se está produciendo de manera irremisible.

Este dato de la realidad es en definitiva, en mi criterio, el que debiera servirnos de eje ordenador. No se trata de mi voluntad en cualquiera de sus sentidos, quien definirá el modo como evolucionará el fenómeno; como este se dará igual, ¿qué estoy haciendo para asumir una posición responsable frente a la realidad? Esa pregunta divide a las personas y más allá de la respuesta que nos demos, como evidencia llegan para quedarse, alrededor de 300 nuevos habitantes a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra por día.

El reconocimiento de la realidad, abre otras puertas sobre la administración del Estado, la situación de los territorios despoblados, la satisfacción alimentaria, la formación y capacitación de los recursos humanos…

Lo único que no podemos hacer, es esconder la cabeza ni mentirnos. La realidad está golpeando la puerta.

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