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A don Samuel Doria Medina le falta un pequeño detalle para sentirse un hombre plenamente realizado y feliz. La cuantiosa fortuna que posee, mal o bien habida, no le es suficiente mientras no consiga entrar en posesión del sillón presidencial y de la Casa Grande del Pueblo, cosa que no le está resultando fácil como lo fuera la privatización de nuestras empresas públicas estratégicas subastadas y rematadas a precio de baratillo. Aunque se aduce, sotto voce, que la privatización fue un negocio privado que convirtió en nuevos ricos a él y a otros coparticipes de la ‘vendimia’ (léase venta fraudulenta). Gracias a que el Gobierno actual recuperó y nacionalizó dichas empresas, el país se encaminó por el sendero del proceso de cambio.

Se habla tanto de la angurria de poder que obsesiona al presidente Morales, pero no se cuestiona la propia de quienes pretenden retomar el poder, pese a sus pésimos antecedentes.

Don Samuel parece desconocer los anticuerpos entre sus mismos partidarios, dado que algunos lo consideran “un candidato y presidente de lujo”, mientras que otros, menos optimistas, hallan que sus ‘cualidades’ solo le alcanzan para ser un empresario exitoso con una cuenta bancaria de muchos dígitos, pero con un escuálido arraigo popular del 2%. Sus negocios marchan viento en popa porque, como el rey Midas, todo lo que toca lo convierte en oro, aunque el novelista Honore´ de Balzac solía decir que “detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen, será por eso que algunos políticos se resisten a levantar el secreto bancario, el propio y el de sus palos blancos.

Sin embargo, don Samuel, dice poseer tres cualidades políticas que lo adornan, a saber: “el coraje, la fortaleza y la perseverancia” (EL DEBER, A23, 7/8/2018). Si bien esta última cualidad, “siempre da una flor”, al decir del poeta Amado Nervo, sin la voluntad popular, que es el factor determinante, poco y nada podrá lograr, máxime con el escaso porcentaje que le asigna la encuestadora Captura Consulting en su última proyección.

Este dato revelador de su baja popularidad bastaría para desaminar a cualquiera, menos a don Samuel, que armado del coraje que dice tener y del dinero que todos sabemos que tiene (aunque las malas bocas dicen que es algo tacaño), está dispuesto a tirarse a la piscina a sabiendas de que puede zozobrar estrepitosamente como en anteriores oportunidades. Salvo que, contra todo pronóstico, y con el apoyo de las plataformas ciudadanas, lograra patear el tablero y darle a quienes creen lo que dicen las encuestas una sorpresa desagradable. Pero eso y la cara de Dios habrá que verlo, sobre todo, teniendo al frente un competidor como Evo al que la citada encuestadora le adjudica una popularidad del 41%, que eso sí da para presumir bastante.

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