17 de marzo de 2022, 4:00 AM
17 de marzo de 2022, 4:00 AM


Es un gesto de humildad, de dolor, de fortaleza de espíritu, pero al mismo tiempo de ingenuidad, el perdón que ha pedido al pueblo boliviano la expresidenta Jeanine Áñez, mediante carta redactada a mano, en su celda, al cumplirse un año de su abusiva reclusión en la cárcel paceña de Miraflores. A Evo Morales, que no escribe ni un renglón, no le alcanzarían las páginas de la Biblia para disculparse de sus tropelías; pero ahí está, libre de polvo y paja, al amparo del poder, y de paso soberbio y con ansias locas de volver al Palacio. “Así es Bolivia, nomás pues”, diría mi recordado amigo ‘Tano’ Llobet.

Mas, en fin, ciertamente, así es la vida de injusta aquí. Ella sabrá por qué lo ha hecho, y no seremos nosotros quienes le critiquemos su proceder, pero como su carta va dirigida a todos los bolivianos, algo tenemos que decir. Quienes no conocen la verdad o creen ciegamente al MAS, pensarán que las disculpas se quedan cortas y que la señora Áñez no merece perdón alguno; otros pensamos que su gesto ha estado bien, que era preciso, pero que, innecesariamente, se ha echado encima todos los errores cometidos durante su Gobierno transitorio, lo que es excesivo.

Pacificar el país y convocar a nuevas elecciones era la meta que ella había anunciado y lo que esperaba la ciudadanía. Aunque los masistas se quejen por los lamentables enfrentamientos en Senkata y Sacaba, que produjeron penosas muertes de civiles, Bolivia se pacificó aplacando la enajenación de los saqueadores y pirómanos que aterrorizaron sobre todo a las ciudades de El Alto, La Paz y Cochabamba, en esos días y noches de noviembre. Sin embargo, hay que reconocer que durante el Gobierno de Jeanine Áñez no se produjeron otras muertes en las ciudades ni en el campo y que, más bien, se llegaron a conciliar importantes acuerdos con la oposición parlamentaria masista aferrada a sus curules; entre otras, nada menos que la convocatoria a nuevas elecciones. Hoy, el MAS ha retornado al mando de la nación, justamente porque Jeanine Áñez presidió unas elecciones impecables, sin las trampas a que nos tenía acostumbrados su antecesor, Evo Morales.

En cuanto a las elecciones presidenciales de octubre de 2020, la exmandataria se culpa por no haberlas convocado en los tres meses que se había fijado desde el inicio de su gestión. Pero, por el contrario, si hubo un gran acierto fue haber postergado los comicios debido a que el covid estaba provocando estragos en la población. Era absolutamente imposible hacer campaña electoral e ir a las urnas si la gente estaba encerrada a cal y canto en sus viviendas y no se tenía ni esperanza, todavía, de que aparecieran las vacunas salvadoras. Claro, se llegó a un acuerdo para la postergación, con el Tribunal Electoral y con la Asamblea Legislativa, mas, siempre discordante, el MAS deploró la medida y denunció un afán de “prorroguismo” que nunca existió. No entendemos por qué la exmandataria se echa culpas sobre una decisión tan oportuna y sabia.

El error que le costó muy caro y que fue algo absurdo, tuvo que ver con el lanzamiento de su candidatura presidencial. Eso sublevó a todos, menos a los que se lo sugirieron y que solo ella sabe quiénes fueron. Su postulación, además de provocar recelo e incertidumbre respecto de la postergación de las elecciones, cayó como un verdadero machetazo rompiendo raíces, entre las fuerzas moderadas que se preparaban para enfrentar al MAS. El mero anuncio de su candidatura, que contaba con algunos simpatizantes desde luego, partió, por lo menos en tres partes, a las fuerzas que el MAS calificaba como la “derecha”. Esa candidatura fue absolutamente inoportuna y facilitó el retorno del MAS al poder, aunque ella echara pie atrás al darse cuenta de su desacierto. Fue demasiado tarde.

El tiempo lo dilucida todo. Jeanine Áñez tuvo algunos errores sin duda, pero también muchos méritos. Su secuestro es abominable, burlándose de paso de 26.500 ciudadanos benianos que votaron por ella en las elecciones a la Gobernación, que perdió. Habrá que esperar qué sucederá todavía, cuando se haga justicia de verdad, con otro Gobierno desde luego. Será en un juicio de responsabilidades, que le corresponde como ex presidenta constitucional, y no en juicios ordinarios “armados”, entre tinterillos venales, sobornables y lambiscones.

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