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El triunfo de Gabriel Boric frente a José Antonio Kast en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales marca varios hitos que apuntan a un cambio epocal en la política chilena. Oriundo de Punta Arenas, extremo sur del país, y con 36 años cuando asuma, Boric será el presidente más joven en la historia del país (el requisito legal es tener al menos 35 años) y el primero en décadas que no proviene de la Zona Central, el corazón del país donde está la capital. Más importante, quizá, es el hecho de que Boric, militante del partido Convergencia Social, será el primer presidente que no pertenece a ninguna de las dos coaliciones políticas de centro-izquierda y centro-derecha (Concertación y Chile Vamos) que han gobernado Chile desde el retorno a la democracia en 1990.

La historia del triunfo de Boric es la de un candidato improbable. Su liderazgo se forjó en las movilizaciones estudiantiles de 2011 cuando era estudiante de Derecho, ganando en 2013 un escaño en la Cámara de Diputados por su región natal de Magallanes y siendo reelegido en 2017. El año pasado, el nombre de Boric no sonaba en las encuestas y estuvo a punto de no obtener las 24.000 firmas necesarias para competir en las primarias de su coalición (Apruebo Dignidad).

En julio de este año, su triunfo en esas primarias frente a Daniel Jadue, el popular alcalde del Partido Comunista, fue una sorpresa para todos. Parte de su éxito se explica por la decisión –en contra de su partido– de firmar durante la ola de protestas de 2019 el acuerdo que dio origen al proceso constituyente actual, reflejando una disposición a dialogar con distintos sectores.

La coalición ganadora de Boric es diversa. Desde el punto de vista social, el voto femenino, urbano, joven y en distritos populares fueron claves para su triunfo. Políticamente, Boric logró pasar de menos del 26% en la primera vuelta a casi el 56% en el balotaje gracias al apoyo de la antigua Concertación, lo que requirió una moderación discursiva y programática.

Franco Parisi, el líder del Partido de la Gente –el partido con más militantes del país y que obtuvo el tercer lugar en la primera vuelta– dio su apoyo finalmente a Kast, pero al parecer sus votantes se dividieron este domingo. Queda pendiente la decisión de incorporar algunos de los partidos de centro-izquierda a su Gobierno, lo que podría generar el fin definitivo de la política de alianzas que sustentó a la Concertación.

Hay que destacar que Kast ganó en partes del país que revelan desafíos para el presidente electo. El derechista ganó en comunas fronterizas del norte como Colchane (95% de apoyo a Kast) que han experimentado directamente los efectos de la crisis migratoria venezolana. El apoyo a Kast fue también importante en las comunas más ricas de Santiago como Las Condes (73%), donde habita buena parte de la élite económica de Chile. Kast ganó también holgadamente en La Araucanía (60%) la región más pobre de Chile y el punto neurálgico del conflicto entre el Estado chileno y parte del pueblo mapuche.

Los resultados sugieren, de todas formas, que Boric tiene un mandato importante para realizar los cambios que prometió en su campaña. El candidato del Frente Amplio se impuso por casi doce puntos sobre Kast y obtuvo más de 4,6 millones de votos –la mayor cantidad de sufragios en la historia electoral del país. En la segunda vuelta, además, participó alrededor del 54% del electorado, un porcentaje de votantes nunca visto desde la instauración del voto voluntario. Se debe, sin embargo, matizar el alcance de este mandato, dado que buena parte del voto de segunda vuelta corresponde a “préstamos” de simpatizantes de otros sectores y a votantes que reaccionaron negativamente a la candidatura de Kast.

Al mismo tiempo, sin embargo, Boric tendrá muchas dificultades para implementar su programa. La prolongación de la pandemia y la mala situación económica complicarán el aumento fiscalmente responsable del gasto social. Por otra parte, el Congreso que se inaugurará en marzo de 2022 junto con Boric estará bastante fragmentado. Apruebo Dignidad solo tendrá 37 de los 155 escaños en la Cámara y cinco de los 50 curules en el Senado. Dialogar hacia el centro será, por lo tanto, obligatorio.

Su elección es, de todas formas, una buena noticia para la Convención Constituyente, que ha tenido problemas para funcionar con el Gobierno actual. Las expectativas son altas y se requerirá de mucha habilidad para gobernar.Latinoamerica21

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