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Las generaciones jóvenes y los planes de gobierno II

Guillermo Dávalos 6/10/2020 05:00

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“Pondremos a la gente primero”, es uno de los repetitivos slogans electorales, cuyo contenido esperamos signifique poner de pie lo que está de cabeza, es decir colocar en el centro al desarrollo humano sostenible, que ve la política social no como un agregado a lo económico, sino como una forma de concebir a la persona como el foco central de la acción del desarrollo, como beneficiaria, pero sobre todo como protagonista de él, puesto que está comprobado que el desarrollo social no será una simple consecuencia del desarrollo económico.

Tradicionalmente se ha sustentado una visión reduccionista de la política social, asociándola únicamente con programas o acciones meramente “compensatorios” o “complementarios” a la política económica, entendidas en un sentido estrictamente sectorial, asumidas como gasto y no como inversión y traducidas en la provisión de satisfactores, pero no en la generación de mayores capacidades de los ‘beneficiarios’ para poder acceder a dichos satisfactores por su propio esfuerzo, como resultado de una política de inversión en los talentos humanos centrada en el mejoramiento del empleo e ingresos.

El desarrollo humano es el conjunto de cambios que experimentan todos los seres humanos y si bien es un proceso continuo a lo largo de toda la vida es posible dividirlo en etapas a partir de los principales cambios que se producen en el ciclo de vida, siendo la base el periodo de vida de 0 a 6 años, periodo en el que las conexiones neuronales del cerebro se forman a una velocidad que no volverá a repetirse en la vida, lo que determina y afecta profundamente el desarrollo cognitivo, social y emocional del niño, influyendo en su capacidad para aprender, resolver problemas y relacionarse con los demás.

Para un adecuado desarrollo infantil es fundamental una mirada integral desde el inicio del embarazo y hasta los 6 años; sin embargo, una revisión evaluativa de los datos, nos dice que la mortalidad infantil si bien ha disminuido un 50% en la última década aún hay alrededor de 20.000 niños menores de cinco años que mueren anualmente; en el tema de la desnutrición crónica, si bien disminuyó del 32% al 16% en niños menores de 5 años, pero en el caso de los niños de 6 a 23 meses de edad, la desnutrición crónica sólo bajo en un 10%. Por otra parte, aún un tercio de la población de cuatro a seis años está excluido de la educación preescolar y las coberturas de los centros de desarrollo infantil de las gobernaciones y alcaldías para menores de cuatro años, solo llega al 4%.

Un próximo gobierno nacional tiene el imperativo de impulsar una estrategia de desarrollo integral de la primera infancia garantizando como punto de partida la supervivencia y salud de la madre embarazada, el recién nacido y los infantes, además de asumir el desafío de alcanzar coberturas universales en los servicios de salud, nutrición y educación con niveles de calidad homogéneos, junto a la ampliación de las coberturas de los centros de desarrollo infantil complementadas con políticas orientadas a las familias, que aborden y favorezcan la estimulación temprana y el cuidado cariñoso en el seno del hogar, donde aún el 82% de niños declaran ser maltratados por sus cuidadores y cerca de cuatro de cada diez en el ámbito escolar, tanto por profesores como por su propios compañeros, a lo que debemos añadir que alrededor de un tercio de niños y adolescentes de 5 a 17 años están ocupados en actividades económicas, la mitad realizando trabajos peligrosos.

Fortalecer y masificar la cultura del buen trato en niños, niñas, adolescentes, madres, padres de familia y maestros constituye otras de las prioridades para un futuro gobierno, puesto que en varios estudios se ha visto que existe una alta probabilidad de que en los hogares bolivianos se repitan los patrones de castigo con los que fueron educados los adultos cuando eran niños, lo que muestra la necesidad de trabajar para cambiar estos patrones de conducta que están enraizados en la sociedad.

Los niños de hoy serán los trabajadores cualificados de mañana, su productividad será lo que estimule las economías del futuro, su capacidad de participación la que dé forma a las futuras sociedades. Lo que hagamos ahora para fomentar su desarrollo integral y su potencial determinará su futuro, y el nuestro, tal como nos lo recuerda Unicef en las Pautas para incorporar los derechos de la niñez en la agenda pública.