Opinión

Las huellas que deja el G-20

El Deber logo
3 de diciembre de 2018, 4:00 AM
3 de diciembre de 2018, 4:00 AM

Contra lo que se esperaba en función de las pugnas previas, hubo consenso en la reunión del Grupo de los 20 (G-20), que culminó el sábado. La declaración final de 30 puntos resume y renueva objetivos en materia comercial, cambio climático, protección del medioambiente, tecnología, lucha contra la corrupción, educación, salud, protección de la fuerza laboral e igualdad de género. El documento tuvo algo de vaguedad para lograr aprobación unánime.

El G-20 está formado por los países altamente desarrollados y por los emergentes más importantes. Creado en 1999, desde 2008 tuvo protagonismo al ser convocado para una reunión urgente por la crisis inmobiliaria de la época. La elevación del G-20 fue un hito global y se repitió cada año desde entonces. A escala mundial representa dos tercios de la población, un 85% del PIB y el 75% del comercio. En función de la rotación de la presidencia, esta vez fue Argentina el país anfitrión, bajo la batuta de su mandatario, Mauricio Macri.

La cumbre comenzó con la decisión de evitar los efectos colaterales de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Tras el encuentro del presidente Xi Jinping con Donald Trump, se acordó no aumentar aranceles durante los próximos 90 días, a la espera de nuevas conversaciones. Otros dos puntos particulares destacados fueron la firma del pacto comercial entre EEUU, México y Canadá, como también la visita del presidente chileno, Sebastián Piñera, especialmente invitado por Macri. El G-20 también se comprometió a aprovechar las nuevas posibilidades que la tecnología aporta y se mencionaron las inmensas oportunidades que ofrecerá en el futuro. Se afirmó que lo pactado sobre el cambio climático es “irreversible”, aunque EEUU volvió a presentar sus reservas sobre el Acuerdo de París.

En definitiva, el G-20 una vez más demostró la flexibilidad necesaria de sus líderes para concertar entendimientos constructivos. Las acciones prácticas se harán efectivas en el corto plazo; cabe esperar que mediante ellas tengamos un planeta mejor. Bolivia está aún muy lejos de intentar formar parte del G-20 por su escaso nivel económico. Además, parece que la actual administración masista está satisfecha con la posibilidad de vociferar en foros menores tipo Alba, no alineados u otros grupos demagógicos de alta retórica y nula efectividad, que en nada afectan al mundo en su conjunto. Debemos recordar que, al igual que muchos otros estados emergentes, tarde o temprano deberemos en Bolivia asumir las pautas del liderazgo global que impone periódicamente con sus acciones el G-20.

Tags