Opinión

Las incógnitas y los desafíos de Bolsonaro

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30 de octubre de 2018, 4:00 AM
30 de octubre de 2018, 4:00 AM

Como era previsible, Jair Bolsonaro resultó holgado ganador de las elecciones presidenciales de Brasil. Ya en la primera ronda le ganó a su principal contrincante por un abultado margen. Por la forzada polarización de un balotaje -donde solo hay dos opciones- Haddad apareció más cerca ahora, pero es una ilusión. La realidad indica otra cosa.

Del triunfador se han repetido muchas cosas, las que nosotros también hemos comentado. Ha llegado sí la hora de dejar adjetivaciones al costado e intentar auscultar lo que vendrá. Una señal positiva es que en sus primeras palabras oficiales expresó que gobernará democráticamente, con la Constitución, la Biblia y los ejemplos de líderes mundiales del pasado. Manifestó que su administración será para todos y cambiará las cosas en Brasil. Por su parte, el contrincante perdedor apenas reconoció indirectamente el triunfo de su oponente; fue mezquino en sus expresiones, al pronunciar el tradicional discurso de concesión.

La votación ha representado un voto de repudio masivo al régimen previo de Lula-Dilma y a su extensa maraña de corrupción. Es indudable que los escenarios populistas del hemisferio se están agotando y viene surgiendo con fuerza un giro democrático en contrario. Resta ver ahora si Bolsonaro cumplirá sus promesas y podrá sacar al Brasil de su actual atolladero institucional y de una fuerte recesión. La mantención de la democracia por quien ha planteado “mano dura”, será objeto de inspección permanente por parte de los brasileños y de la sociedad internacional.

Desde el primer día de 2019 vendrá la época del presidente Jair Bolsonaro. Bolivia, como vecino que tiene la frontera más extensa con el gigante sudamericano, deberá procurar entendimientos en pro de las tradicionales relaciones de amistad, comercio e integración entre nuestros países. Las ideologías o simpatías quedan de lado, lo importante es la supremacía del interés nacional.

Interesa saber, además, cómo y de qué manera se ubicará el nuevo gobierno en la escena mundial. Estos y otros interrogantes acerca de sus políticas prácticas se irán despejando en los próximos días, una vez el presidente electo termine de configurar al gabinete que lo acompañará durante su mandato. Habrá que ver la manera en que el Palacio de Itamaraty (la cancillería brasileña) encarará sus relaciones con los populismos “duros” que aún permanecen vigentes, en particular Nicaragua y Venezuela. Lo más probable es que opte por el pragmatismo, dada la sapiencia histórica de su diplomacia. Por último, cabe recordar y reflexionar acerca del viejo adagio de Henry Kissinger: “hacia donde se incline el Brasil se inclinará América Latina”.

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