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Las lecciones del 7 de marzo para el nuevo país

Carlos Hugo Molina 9/3/2021 05:00

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Sin conocerse todavía los resultados consolidados, partiendo de la información del conteo rápido y los datos a boca de urna, y a solo cuatro meses y medio de la elección nacional, pareciera que estamos en camino a configurar otro país en el que no ganará nadie si no nos ponemos todos de acuerdo en temas básicos.

La pandemia no la vencerá un solo nivel de gobierno, sin el concurso, la participación y la articulación con los otros. La crisis económica que se encuentra al nivel del territorio, lejana de los discursos y de los ministerios, necesita una comprensión de cotidianidad y cercanía que debe ser proporcionada por las autoridades locales, que para eso existen en el Estado. La gobernabilidad democrática, expresada como capacidad de tomar decisiones eficaces y oportunas, y articulación leal y efectiva entre las autoridades de diferentes signos políticos y espacios, debe convertirse en un objetivo colectivo bajo el riesgo de que los problemas de la gente aumenten ante la aparente insensibilidad de los actores políticos.

Una vez más los resultados electorales ratifican lo que ya sabemos y nos está costando admitir: somos un país diverso y plural que, para continuar civilizadamente, necesita superar la negación, aceptar la diferencia y construir instrumentos para convivir. En términos geográficos nos separan más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, 30 grados de temperatura y 80% de humedad relativa en el ambiente.

En modos de producción metafóricamente, perforar y picar la piedra es distinto que cosechar lo que las aves plantan y los ríos producen. Ideológicamente resultan diferentes los modos comunitaristas de los que plantean la libre empresa, y podría seguir un listado que, por abundante, parecería irresoluble si no existiese inteligencia y soluciones ya planteadas en el mundo. Oruro ha ratificado electoralmente que es un departamento ideológicamente masista, y Bolivia a través de Santa Cruz desarrolla la economía y vive de la exportación y la competitividad internacional votando electoralmente, una vez más, de otra manera. Esta simplificación de situaciones solo busca establecer una reflexión básica que recoja la inteligencia cultural para no tener que destruirnos cuando existen diferencias manifiestas.

En la década del ochenta, el politólogo guatemalteco Edelberto Torrez Rivas acuñó una categoría que luego sirvió para apoyar los procesos de paz en la región centroamericana, “el empate político”. Frente a una situación de beligerancia entre dos partes, más allá que ellas no tengan el mismo volumen de fuerzas y que simplemente una no podrá imponerse a la otra por la violencia, solo les queda buscar la pacificación y el acercamiento si no quieren destruirse.

El voto disperso en gobernaciones y municipios que concede poder y empoderamiento, en lugar de ser confrontacional, debe ser de complementariedad. Este es un momento de desconfianza y sospecha que necesita de mediadores y pacificadores que alienten el diálogo. Yo no sé si la vacuna que nos inmunizará la traerá el presidente, el gobernador o el alcalde, necesito saber que llegará para mi familia y para mí, y que, gracias a ella, podré salir a trabajar con menos tensión. Esa es una buena tarea para iniciar el trabajo.

Hermosa oportunidad para convidar a toda la generación de Camila Velazco Landeau que apoyó con su conocimiento a que la superCam del Perseverance en Marte investigue las posibilidades de la vida, para que nos ayuden a buscar los caminos que necesitamos recorrer en Bolivia para salir de este intríngulis. Cincuenta y un ciudades intermedias con sus habitantes, también, están esperando que se las convoque.



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