Opinión

Las políticas del terror

El Deber 24/5/2017 04:00

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Las garras del terrorismo islámico se han posado, nuevamente, en el corazón del Reino Unido. Esta vez, un bombazo salvaje ha destrozado la vida y los sueños de 22 jóvenes y niños que asistían en Manchester al concierto de la cantante estadounidense Ariana Grande. El terrorismo ha tocado así la fibra más frágil de una sociedad, los menores de edad. Detrás de este brutal golpe está el Estado Islámico, la mayor organización del extremismo musulmán, cuyo objetivo fundamental es establecer un califato o reino fundamentalista en territorios que van desde Irak y Siria contra las potencias occidentales. Utilizan para sus viles propósitos a ‘lobos solitarios’, que se forman en células terroristas que anidan en las principales ciudades europeas donde los extremistas manipulan a jóvenes desocupados y discriminados para perpetrar los ataques terroristas.

Hay que remarcar que el yihadismo, la ideología que propugna una ‘guerra santa’ por la vía de la violencia armada, es un movimiento minoritario que no representa a los cientos de miles de musulmanes que en el mundo siguen a una religión monoteísta con valores pacifistas y humanistas con una larga historia.

El atentado ocurrido en Manchester es el más grave de los últimos 12 años. En 2005, una serie de atentados en el sistema de transporte de Londres causó 56 muertos; y el ataque ocurrido hace un mes cuando un vehículo atropelló a transeúntes en el puente de Westminster, lo que causó cinco muertos. El ataque desnudó, nuevamente, la vulnerabilidad de los sistemas de seguridad de potencias militares tan grandes como el Reino Unido. La acción de individuos radicalizados que ya habitan en los países que hoy son blanco del terrorismo, hace casi imposible su control policial.

¿Qué hacer frente al terrorismo? Primero, resolver los grandes e históricos problemas pendientes de Oriente Medio, en particular, el conflicto árabe-israelí, las intervenciones en Irak y Siria y el conflicto con Irán. Luego, promover aún más la integración de los jóvenes migrantes musulmanes en los países occidentales, que permita generar un control social de los grupos extremistas.

El dolor y la consternación dominan hoy el corazón de los británicos. Nuestra solidaridad con el Reino Unido. Ojalá los líderes políticos globales y las organizaciones internacionales puedan arbitrar los medios para proteger a las poblaciones del terrorismo y apunten sus esfuerzos a levantar puentes de diálogo, antes que muros de discriminación e intolerancia. 

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