Opinión

Las promesas del agro

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30 de agosto de 2017, 4:00 AM
30 de agosto de 2017, 4:00 AM

El Gobierno nacional ha depositado su esperanza en la producción agropecuaria para buscar una salida a la ralentización de la economía. Los últimos indicadores publicados por el Ministerio de Economía parecen respaldar aquella posición.  

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras que el país registra un pobre crecimiento económico del 3,3% en el primer trimestre, el sector agropecuario mostró –según datos oficiales- una expansión del 8,7%, lo que demuestra que puede convertirse en el puntal de la economía boliviana en momentos en que la venta de gas natural está en riesgo debido al bajón de los precios del petróleo y los cambios en las matrices energéticas de Brasil y de Argentina.

Le siguen la construcción, que creció un 7,2%; la industria de alimentos, bebidas y tabaco, un 5,6%; transporte y comunicaciones, un 5,4%; comercio, un 5,2%; administración pública creció un 4,8%. Otros servicios, un 4,4%; establecimientos financieros, un 4,3%; y electricidad, gas y agua, un 4,2%.

En contraste, los sectores que decrecieron fueron la industria (-1,1%), la minería (-1,6%) y los hidrocarburos (-14,1%). La enorme dependencia respecto de las ventas del gas natural explica el bajón histórico que muestra la economía en su conjunto.

Sin embargo, los agropecuarios no son tan optimistas y señalan su descontento respecto de la situación del sector, en particular, por efecto de las inclemencias del clima, la baja en los precios internacionales y la falta de incentivos estatales para mejorar la producción y las exportaciones.

Un informe de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) alerta que, de 2014 a 2017, el crecimiento de la producción se mantuvo entre un 2 y 3%. A su vez, las perspectivas para la presente gestión no son alentadoras, dado que se estima una expansión de apenas un 2%, según la CAO.

El sector agropecuario es muy sensible a los vaivenes del mercado internacional y no puede depender de un mercado interno todavía muy chico. Se requiere, en este sentido, una estrategia agresiva y efectiva para posicionar a Bolivia como un granero para un mundo que necesita alimentos. Sobre todo alimentos procesados que provengan de una industria sólida, como la que todavía el país no tiene por falta de inversión.

Ojalá las autoridades apunten sus esfuerzos a diversificar la producción y la oferta de exportación del país. Solo así el agro podrá reemplazar la frágil economía de los hidrocarburos, un objetivo por demás loable y necesario.  

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